La devoción mariana de un pueblo

Los santuarios marianos son un lugar donde se expresa con mucha frecuencia la devoción popular. Amor hacia la Madre de Dios y madre nuestra, refugio de pecadores, consuelo de los afligidos, reina de las familias. Es lo que expresa esta frase que desde niños hemos oído repetir: A Jesús por María. Si van a la Madre encontrarán al Hijo.

Después de pasar una semana de ejercicios espirituales en un santuario de la Virgen, “El Miracle”, he podido leer esta devoción del pueblo. Son muchos los fieles de la comarca, que se acercan a venerar su patrona. Familias con sus bebés en brazos que suben al camerino a presentar a sus hijitos a María, ancianos que caminan con dificultad y que hacen un gran esfuerzo para subir las escaleras del camerino, algunos ya no pueden subir y desde la nave se les ve orar con gran devoción.

Otros suben con sus hijos ya mayorcitos y que al estar junto a la imagen de Nuestra Señora, sus padres los levantan para que estampen un beso a María. Otros llevan sus lamparillas que ponen entre las manos de sus pequeños y luego, allí encendidas, quedan como permanencia de su súplica, de su acción de gracias.

Pero nadie me ha llamado tanto la atención como un joven con síndrome de Down. Pocas veces he visto a alguien tan recogido después de su comunión. Una vez terminada la Misa se queda un buen rato rezando, luego pasa al altar mayor donde se encuentra la Virgen del Miracle. ¿Qué le pedirá a María, salud de los enfermos?

Al mirarlo he pensado en las palabras de Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mi”. Ciertamente que de éstos es el Reino de los cielos. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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