El último amén

Hay un canto espiritual negro, “Errante voy, soy peregrino”, que expone el deseo de un hombre de color fatigado al término de su andadura por esta tierra y expresa el deseo de su encuentro definitivo con Dios. La vida no le ha tratado demasiado bien. Ha tenido que trabajar duro, se ha sentido extranjero en su propio país, rechazado por el color de su piel.

Ahora ya en el término de su vida, ve la muerte como una liberación. Sabe que Dios le va ha recibir en sus brazos de Padre, podrá proclamar su último amén con plena libertad después de haber tenido que decir tantas veces amén a los que lo oprimían.

No es un amén como el que pronunciamos tantas veces en nuestra práctica cristiana, que es la expresión del deseo de lo que acabamos de proclamar: Sí, amén, que se cumpla el deseo de lo que terminamos de orar. O el amén que pronunciamos al recibir el cuerpo de Cristo: Sí, creo que bajo las apariencias de pan y vino, recibo el cuerpo y sangre de Jesús que fortalece mi camino hasta que pueda proclamar mi último amén, cuando Dios me llame: Sí, Señor, quiero venir a ti, recíbeme por tu gran bondad.Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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