Cuando alguien brilla...

ISABEL PAVÓN

Todo lo que brilla atrae la atención de nuestros ojos y, si está a nuestro alcance, nuestras manos se dirigen sin pensarlo hacia el objeto. Basta tocarlo para que las marcas queden patentes. Una huella tras otra lo va matizando. ¿Era esa la intención? Quizás sí, quizás no. Según sea el estado interior de quien lo toca.


El objeto no puede ocultar su brillo. No es culpable de su característica. Ha sido diseñado de ese modo.

Por otro lado, podemos trasladar esta cualidad a las personas. Un alma limpia..., tú, por ejemplo. Una persona honesta..., tú, por ejemplo. Alguien de buena voluntad..., tú, por ejemplo. La inocencia personificada..., tú, por ejemplo, atraes miradas, huellas y palabras que suelen mancharte. ¿Con intención? Quizás sí, quizás no.

Puede leer aquí el artículo completo de esta escritora y miembro de una Iglesia evangélica en Málaga de fe protestante titulado Cuando alguien brilla...
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