Crecer sin padre

El desafío de las mujeres jefas de familia en la educación de sus hijos: “Mulieris Dignitatem” de Juan Pablo II, un llamado a la inspiración.

Embarazo
Embarazo Janko Ferlic

En su magnífica novela autobiográfica, “La cabeza de mi padre”, la escritora mexicana Alma Delia Murillo nos plantea una aventura de búsqueda y reconciliación con su progenitor, sin más referente que una fotografía antigua. Gracias a su persistencia y necesidad irrefrenable de conocerlo, lo encuentra casi en el último momento de la vida, para comprobar que: mi piel morena es igual a la tuya, que estos pómulos, que esta arruga que se marca a la mitad de mi frente es igual que la tuya, quería encarnarte, palpar el espejo que somos.


Sin lugar a dudas la figura del padre es insustituible.


En América Latina, un número creciente de mujeres enfrentan el desafío de criar a sus hijos sin la presencia del padre, conformando el 40% de las familias en la región. Esta realidad plantea una serie de retos únicos que merecen una reflexión profunda en el contexto de la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la dignidad de la mujer, tal como se expresa en la carta apostólica "Mulieris Dignitatem" de Juan Pablo II (1988).


En este documento, Karol Wojtyla resalta la dignidad única y la vocación específica de la mujer, reconociendo su papel fundamental en la familia y en la sociedad. La realidad de las familias monoparentales plantea desafíos a esta visión, especialmente cuando las mujeres se ven obligadas a asumir roles
múltiples y a superar obstáculos sociales y económicos significativos.

Uno de los principales puntos de "Mulieris Dignitatem" es la afirmación de la igual dignidad entre hombres y mujeres, basada en la creación a imagen y semejanza de Dios. Esta igualdad se ve en ocasiones desafiada en las familias donde se crece sin padre presente, al padecer discriminación y carencia de oportunidades tanto en el ámbito laboral como en la sociedad en general.

En relación a la importancia de la complementariedad entre hombres y mujeres en la vida familiar, como se destaca en la carta apostólica, en el caso de las familias encabezadas por la madre, esta dinámica es difícil de lograr. En la mayoría de los casos, no se cuenta con el respaldo económico del padre, a pesar de que esta contribución está contemplada por las leyes de cada país. Es decir, la ausencia del papá compromete esta complementación, dejando a las mujeres solas al frente de la crianza y educación de sus hijos, sin el respaldo ni la colaboración del otro progenitor.


A pesar del aspecto dramático en la que muchas madres solas se topan, la valoración del papel de María como modelo de feminidad y maternidad en “Mulieris Dignitatem” es relevante. La figura de María puede ofrecer consuelo y orientación espiritual a las mujeres en familias monoparentales, que en la cotidianidad luchan con retos materiales y emocionales únicos.

En el contexto de la ausencia del padre, las mujeres que lideran familias monoparentales pueden encontrar inspiración en las enseñanzas de esta carta apostólica para lidiar de manera integral con estas apuestas.

Reconociendo su propia dignidad y valor como mujeres, así como la importancia de su papel en la formación de la mente y el corazón de los hijos, estas valientes madres que ven crecer a sus niños y niñas sin la presencia del padre, pueden buscar formas creativas y seguras de involucrar a otros miembros de la comunidad. Una de ellas es acercarles el mundo masculino a través de figuras íntegras y congruentes, que sin duda estén en condiciones de constituir un valioso apoyo emocional y psicológico para ellos.

Con todo y las dificultades y la fragilidad que sufren como madres solas, no deben olvidar que siempre pueden sentirse tomadas de la mano de Jesús. Con sus enseñanzas y su amor incondicional, pueden cultivar la vida espiritual de sus hijos, sembrando en ellos valores sólidos que les guíen en su camino hacia la plenitud y la felicidad.


Es crucial reconocer los posibles obstáculos psicoemocionales que los hijos podrían enfrentar debido al abandono paterno, y la carga adicional que las mujeres llevan sobre sus hombros para superar esta situación. A veces, los hijos pueden sentir esta ausencia como un segundo abandono. La falta de la figura
paterna puede desencadenar una serie de problemas en los niños, como la baja autoestima, la ansiedad, la depresión, las dificultades en las relaciones interpersonales y un profundo sentimiento de desamparo.


En la búsqueda de ese reconocimiento del padre y esa pertenencia filial, los hijos de forma inconsciente se sienten atraídos por hombres fuertes y decididos, aunque en muchas ocasiones éstos se aprovechan de la fragilidad y necesidad de satisfacer ese anhelo de pertenencia a un clan que les ofrecen los grupos
delincuenciales.

En este contexto, las mujeres jefas de familia tienen un tarea sumamente desgastante al tratar de encarar un mundo que va a contracorriente de los valores que forman en el bien a la infancia y la adolescencia. Sin embargo, la mayoría no se da por vencida para mitigar estos efectos negativos a fin de proporcionar un
entorno seguro y amoroso para sus hijos, mientras equilibran las múltiples demandas de la vida diaria.

Destaco algunas citas de la carta apostólica "Mulieris Dignitatem" de Juan Pablo II que pueden ser inspiradoras y relevantes para las mujeres que luchan ante el reto de liderar familias monoparentales:


  1. "La mujer, a pesar de haber sido marginada en la tradición cultural y religiosa, ahora está siendo redescubierta en su dignidad auténtica, en su vocación y misión específicas. La Iglesia da gracias a todas las mujeres, por la intuición, delicadeza, sensibilidad, y por todos los sacrificios que, en cuanto madres y educadoras, han hecho por la familia y por el bien de la humanidad".
    2."La maternidad es un signo particular de la misión de la mujer y de su identidad. El hombre – incluso con toda su participación en la paternidad – no puede tomar el lugar de la mujer en la maternidad".
    3. "La Iglesia mira a la mujer como a un ser humano con su propia dignidad y, al mismo tiempo, como ser humano 'además' del hombre. No está exenta de dificultades y sufrimientos, que afectan tanto a ella como al hombre. Pero a menudo ha sido la mujer la que ha sabido dar testimonio más claro del valor de la vida, a pesar de los sufrimientos, y de su cuidado paciente y desinteresado en todos los aspectos de la vida familiar".
    4. "La colaboración de la mujer en la vida de la Iglesia y de la sociedad es insustituible. No puede y no debe ser suplantada por el hombre".
    5. "La mujer puede y debe hacer mucho para promover una "cultura de la vida" que busque afirmar la dignidad de cada ser humano".

Estas citas reflejan el profundo respeto y aprecio que la Iglesia Católica tiene por las mujeres, reconociendo su dignidad única y su contribución invaluable a la familia y a la sociedad. A través de estas palabras, las mujeres que abrazan el desafío de liderar familias monoparentales, pueden encontrar inspiración y fortaleza para superar los obstáculos y retos que se presentan, confiando en su dignidad intrínseca y en la gracia divina que las sostiene.


En conclusión, la carta apostólica "Mulieris Dignitatem" ofrece una visión valiosa sobre la dignidad y la vocación de la mujer. Ahora más que nunca es importante contextualizar esta enseñanza en la realidad concreta de las madres solas. Esto requiere un compromiso renovado para abordar las desigualdades estructurales y proporcionar el apoyo necesario para que estas mujeres y sus hijos e hijas puedan
salir adelante con menos dificultades.

Aunado a ello, los poderes del Estado en los diferentes países, están obligados a poner en el centro de sus acciones el interés superior de los menores, y de acuerdo a ello legislar y hacer cumplir la ley para que los padres que han abandonado a los hijos e hijas a la suerte de las madres solas, cumplan con sus
responsabilidades más elementales.

Al contar con el respaldo social y político, las líderes de las familias monoparentales pueden ejercer la maternidad con menos agotamiento. Saber que tienen el apoyo del padre de sus hijos, incluso si viven bajo techos separados, y confiar en que la gracia divina les brinda la certeza necesaria para desempeñar un papel invaluable en el crecimiento y desarrollo de sus hijos. Esto les ayuda a florecer plenamente en la vida.

Mujer, con el talante que muestras,
así tus hijos se explican el mundo.

Volver arriba