Nos invitan a pan del cielo

Al pronunciar hoy tu oración, recuerdas también la palabra profética y la palabra inspirada con la que Dios guió a su pueblo, lo alimentó y lo fortaleció. Pero la memoria de la fe te recuerda sobre todo la Palabra encarnada, el Hijo entregado, que puso su tienda entre nosotros. En verdad, “el Señor nos dio pan del cielo”, su amor nos dio pan del cielo, la fidelidad y la misericordia lo amasaron con humildad y sabiduría: pan de los ángeles, pan de los pobres, pan de los pecadores, pan de los que teníamos como único destino la muerte, ¡pan de la vida!
Tengo un amigo enfermo. Mi amigo se va. Me dijo: “tengo un bicho malo”. Nos despedimos hasta el cielo. Nos abrazamos hasta el próximo abrazo. Había allí dolor de separación. Y había también esperanza, una esperanza cierta, pues el amor de Dios nos abrazaba a los dos. Era la vida, ¡la Vida!, era Jesús el Señor quien nos unía para siempre.
Guarda, Iglesia amada de Dios, guarda en tu corazón las palabras del Señor: “Yo soy el pan de vida”. Cree, come y vive.
Feliz domingo.
Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger