Los obispos vascos desafían la autoridad del cardenal Rouco

Cuenta Jordi Casabella en El Periódico que año y medio después de que la cúpula del episcopado español promoviera la beatificación entusiasta de medio millar de mártires de la guerra civil ejecutados en el bando republicano durante los compases iniciales de la contienda, los cuatro obispos de las diócesis vascas se disponen a oficiar, el sábado, un funeral conjunto en Vitoria para reivindicar la memoria de 14 sacerdotes y religiosos eliminados por las tropas franquistas en el País Vasco, a los que la Iglesia oficial ha ninguneado durante más de 70 años.

El gesto supone un desafío en toda regla a la política del hombre fuerte del episcopado español, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, un año después de retomar las riendas de la Iglesia española descabalgando por la mínima al obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, en las elecciones a la presidencia de la Conferencia Episcopal Española (CEE).

Tanto Rouco como Juan Antonio Martínez Camino, el secretario portavoz de la CEE que actúa como ejecutor de las órdenes del purpurado, se escudaron en la imposibilidad técnica de beatificar a quienes no habían sido víctimas del «odio a la fe» para rechazar las pretensiones de quienes reclamaban que también se honrase la memoria de los católicos caídos del bando republicano. No hubo entonces concesiones, ni intento de reparar el olvido.

Los obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria, Ricardo Blázquez, Juan Maria Uriarte y Miguel José Asurmendi, respectivamente, junto al auxiliar del primero, Mario Iceta, anunciaron hace unos días sorpresivamente que, «ante las peticiones recibidas», se disponían a «cumplir con el deber pendiente» de celebrar los funerales que no tuvieron los ejecutados en octubre de 1936, al poco de que las tropas de Franco ocupasen Guipúzcoa.

Los prelados han señalado, además, que se disponen a publicar «una reseña en el boletín oficial de cada diócesis, recogiendo los datos de la vida y la muerte de los ignorados», y a incluir sus nombres en los registros oficiales de sacerdotes fallecidos. «Deseamos prestar un servicio a la verdad», dicen los prelados en el comunicado hecho público. «Queremos contribuir a la dignificación de quienes han sido excluidos y a mitigar el dolor de sus familiares y allegados», indican en otro pasaje.

La decisión ha sido saludada con un silencio sepulcral en la sede la CEE, un signo inequívoco de que no ha sido bien recibida. Fuentes próximas al cardenal de Madrid, abanderado del sector más conservador del episcopado, han admitido que el gesto unilateral de los prelados vascos le ha causado un disgusto.

Uriarte pasa por ser el urdidor de la afrenta. El heredero de José Maria Setién, al frente de la diócesis de San Sebastián desde hace nueve años, es un intelectual respetado que se halla al final de su carrera eclesiástica. En junio del 2008, presentó su obligada renuncia al Papa al cumplir los 75 años, edad en la que se los obispos se jubilan. Ahora se halla a la espera de que le sea aceptada y se nombre a su sucesor.
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