El evangelio es como un cómic de Mafalda
Esa apertura y tolerancia es la que ha practicado en los diferentes cometidos pastorales que le han tocado vivir, con cercanía al mundo de los niños -como consiliario del Movimiento Junior de Acción Católica-, al de la formación de seminaristas y sacerdotes, sus responsabilidades al frente de la vicaría pastoral de Lorca, o su labor como provicario general de consenso durante la conflictiva etapa de la Administración Apostólica del hoy cardenal Antonio Cañizares, de febrero a octubre de 1998. También su acompañamiento con los matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora o su implicación en la labor de Cáritas Diocesana, como dos exponentes de su actividad antes de ser nombrado obispo de Teruel-Albarracín.
José Manuel Lorca tiene un gran sentido del humor y muchas cualidades artísticas. Dos dimensiones que estoy seguro van a ayudarle en su trabajo al frente de la Diócesis de Cartagena. Con Javier Azagra comparte su don de gentes, tanto con los más alejados de la fe, como con los que tratan de vivir en coherencia con sus convicciones más profundas. Además, también coincide con el obispo emérito en que es un gran comunicador, que siempre ha tenido y tiene entre sus preocupaciones más personales que la Buena Noticia llegue a todo el mundo.
He compartido con el nuevo obispo durante casi nueve años muchos proyectos, y creo que la Región de Murcia va a volver a encontrarse con un sacerdote de Espinardo, sucesor de los apóstoles, que va a ayudar a hacer frente a los grandes retos que tiene planteada la sociedad en esta tierra. No sólo los que tenemos los creyentes, sino el conjunto de ciudadanos e instituciones que están implicadas en cambiar la realidad para hacerla más humana, más justa y más solidaria.
En este momento, la Iglesia puede ayudar mucho a esta tarea. Y como cristiano en medio del mundo, estoy seguro de que nuestro nuevo obispo contribuirá a que el diálogo entre la fe y la cultura, entre la fe y la política, encuentre espacios comunes para el bien de los más desfavorecidos, de los más pobres, de los que sufren las consecuencias de una crisis económica provocada por la avaricia y el egoísmo. Y nadie puede permanecer ajeno o mirar hacia otro lado. Ni provocar confusión de cuáles son los compromisos que un creyente en Jesús de Nazaret debe asumir en la vida. Lo dicho, ¡bienvenido de nuevo a casa, José Manuel!
Pedro José Navarro (La Verdad)