De Alberto Rodríguez Palafox *1.- Aunque conozco y valoro los argumentos que tradicionalmente se han expuesto, y aún se sostienen, para motivar la aceptación del celibato como la única alternativa y condición para poder ejercer del ministerio sacerdotal, según mi limitada experiencia y en mi modesta opinión me parece que tales argumentos no son suficientes para justificar esa determinación tan estrecha y excluyente. Sino que, aún con todo lo que tengan de validez, no dejan de aparecer como una alternativa, siempre relativa.
2.- No creo, y la realidad lo corrobora, que la exigencia del celibato sea, para todos los sacerdotes, el mejor medio para la realización personal y el más cualificado servicio al reino de Dios.
3.- Considero más de acuerdo con los principios evangélicos y la tradición de toda la Iglesia de Jesucristo, que el celibato sacerdotal sea visto menos como un fin y más como un medio adaptable a las circunstancias personales del sujeto-agente y de las reales exigencias pastorales de las comunidades cristianas y del mundo actual, en donde se debe vivir el Evangelio de ayer, de hoy y de siempre.
4. Me parece, pues, que urge enfrentar la tarea evangelizadora de la Iglesia privilegiando más la efectiva caridad pastoral de los agentes capaces y disponibles y la necesidad real de la que están urgidos y a la que tienen derecho los cristianos y el mundo de hoy.
5. Me parece que, con la opción (obviamente, también
relativa) del ministerio de los sacerdotes casados, se podrían favorecer valiosas y complementarias alternativas para el ser y el quehacer de la Iglesia, a saber: Se estaría en mejores condiciones de disminuir los numerosos casos de practicas anticelibatarias, tan dolorosos y escandalosos en sí mismos y en sus consecuencias, que tanto destruyen a las personas y a la imagen interna y externa de la Iglesia (y, con frecuencia, también de Jesucristo).
Si, por las exigencias propias del matrimonio, en algunos casos, se pudiera ver afectado el aspecto cuantitativo del quehacer sacerdotal, no es justo ignorar por eso lo que se podría ganar en el campo cualitativo de la experiencia personal y del mismo quehacer pastoral. Quien optara por el celibato, reconocido y asumido como carisma, estaría en mejores condiciones para que su opción fuera, como se supone debe ser, una opción libre, auténtica y evangelizadora.
Es muy probable que, con la opción de acceso al matrimonio, las comunidades cristianas tuvieran la posibilidad de una mejor atención pastoral por parte de auténticos agentes llamados al ministerio sacerdotal, aunque sin poseer el carisma particular del celibato. Esta opción debería revalorarse más seriamente ante la creciente situación actual de iglesias sin pastor en gran parte del tradicionalmente mundo católico occidental.
*Alberto Rodríguez Palafox es un sacerdote secularizado muy relacionado con el movimiento sobre todo en Méjico y Alemania.
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