A nuestros Obispos queridos: Así le decía en una carta a Mons. Ambrosio Echebarría: Eres un obispo distinto. Por algo continúas siendo el único que me ha visitado en casa en toda mi vida.
Ese desahogo espiritual tuyo me produce más alegría que todos los éxitos que haya podido tener. Te lo agradezco y me animo a seguir adelante en esta campaña en favor de la santidad de los sacerdotes, a pesar de que el meterme en ello me dé honda repugnancia interior, pues soy el menos indicado. Este monseñor era ejemplo de sencillez y humildad. En eso, debe de ser imitado por todos.
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