Hoy son pocos los contemplativos de verdad. A mi juicio porque es necesario meterse de lleno en la mortificación para purificar los sentidos y las tendencias malas del alma. Es necesario comenzar por la oración:
Dadnos, Señor, el don de oración. Dadnos el don de la abnegación. Con esto irá creciendo el amor a Dios.
Nace como una pequeña chispa. Si después fomentamos ese amor, irá creciendo hasta formar un gran incendio. Nos vamos a convencer tú y yo de la necesidad de la mortificación para crecer en santidad.
Pero hemos de mirarla como algo muy positivo y alegre; como una condición para entrar gozosos en el amor de Dios. Nuestro destino es maravilloso. Y bien merece la pena sufrir un poco para conseguir una meta sublime. ¿Recuerdas?:
"Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a El."
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