No siempre es mala la añoranza


Muchas veces he oído que la añoranza el algo malo, melancólico, pegajoso, propio de personas ancianas. Comprendo, sí, que existe una añoranza estéril. Pero otra, por el contrario es el inicio de la conversión. ¿Qué era sino añoranza lo que pensaba el Hijo Prodigo?: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo aquí me muero de hambre."

En seguida brotó de esta añoranza el propósito: "Me levantaré e iré a mi padre." ¿No te ha ocurrido algunas veces añorar los tiempos de tu primera conversión? A mí, sí. Y te confieso que me ha servido de mucho y ayudado a seguir adelante en una especie de nueva conversión.

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