La voz de Dios es dulce e insistente. A veces se descubre como una emoción tierna y como luz repentina. Otras como convicción, impresión suave, palabra misteriosa. Y lo mismo se deja oír en medio de una conversación con un amigo que en el silencio de la oración.
Unas veces es una sugerencia mental al leer la Biblia, otras una palabra ordinaria dentro de una conversación. El Señor siempre está hablando. Basta prestarle atención, ordenar bien el silencio mental. Si somos cuidadosos, distinguiremos bien la voz de Jesús y al cabo de algún tiempo se entablará entre los dos un coloquio íntimo que puede llegar a ser ininterrumpido.
Tú y yo vamos a esforzarnos en escuchar la voz de Jesús.
Para ello procurar el silencio del alma. Cuando está purificado nuestro corazón, Dios se hace oír dentro de nosotros mismos y podemos entrar en comunicación con El. La paz, fruto del Espíritu Santo, ha de ser el premio a nuestra docilidad.
Puedes mirar mi página web http://personales.jet.es/mistica
Más de mil artículos míos sobre la debilidad, enfermedad, etc. en
http://www.opina2000.com