“Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”, documento preparatorio del Sínodo "Debemos hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas"

Por una Iglesia plenamente participativa: arranca la consulta del Sínodo
Por una Iglesia plenamente participativa: arranca la consulta del Sínodo

Solo “caminando juntos, y juntos reflexionando sobre el camino recorrido, la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que irá experimentando, cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión”

"No podemos escondernos: la misma Iglesia debe afrontar la falta de fe y la corrupción también dentro de ella"

“La Iglesia entera está llamada a confrontarse con el peso de una cultura impregnada de clericalismo, heredada de su historia, y de formas de ejercicio de la autoridad en las que se insertan los diversos tipos de abuso (de poder, económicos, de conciencia, sexuales)”

“Una Iglesia capaz de comunión y de fraternidad, de participación y de subsidiariedad, en la fidelidad a lo que anuncia, podrá situarse al lado de los pobres y de los últimos y prestarles la propia voz”

"¿Cómo promovemos dentro de la comunidad y de sus organismos un estilo de comunicación libre y auténtica, sin dobleces y oportunismos? ¿Y ante la sociedad de la cual formamos parte?"

"¿Qué experiencias de diálogo y de tarea compartida llevamos adelante con los creyentes de otras religiones y con los que no creen? ¿Cómo dialoga la Iglesia y cómo aprende de otras instancias de la sociedad: el mundo de la política, de la economía, de la cultura, de la sociedad civil, de los pobres…? "

El documento concluye reclamando la implicación de todos los fieles en los procesos de consulta y opinión, sin olvidar a nadie, fundamentalmente a “la voz de los pobres y de los excluidos, no solamente de quien tiene algún rol o responsabilidad dentro de las Iglesias particulares”

“En una Iglesia sinodal, que anuncia el Evangelio, todos “caminan juntos”: ¿cómo se realiza hoy este “caminar juntos” en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro “caminar juntos”?”.  Esta es la pregunta fundamental planteada en el documento preparatorio del Sínodo, que esta mañana se presenta en Roma. Un texto ilusionante pero que dependerá, y mucho, de cómo sea leído, y trabajado, en todo el mundo, y por todo el mundo, o sólo por la jerarquía.

Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. La Santa Sede acaba de hacer público el documento preparatorio del próximo Sínodo, que arrancará, de manera formal, el 9 de octubre, y se prolongará durante al menos dos años. Un desafío lanzado por el Papa para “consultar al pueblo de Dios” cómo articular una sinodalidad real en la Iglesia, en la que todos (laicos y consagrados, obispos y fieles de a pie, hombres y mujeres) puedan participar en la construcción del futuro. Un “caminar juntos” que se antoja decisivo para el futuro.

El documento se articula en torno a cuatro puntos (La llamada a caminar juntos;Una Iglesia constitutivamente sinodal; En la escucha de las Escrituras ; y La sinodalidad en acción: pistas para la consulta al Pueblo de Dios) y arranca con una premisa fundamental: “La Iglesia de Dios es convocada en Sínodo”. No sólo los obispos.

Iglesia que camina con el pueblo
Iglesia que camina con el pueblo

Sinodalidad, el camino que Dios espera 

“El Papa Francisco invita a toda la Iglesia a interrogarse sobre un tema decisivo para su vida y su misión: «Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio»”, explica el documento, que sostiene, con el Concilio, que solo “caminando juntos, y juntos reflexionando sobre el camino recorrido, la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que irá experimentando, cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión”.

 Y una pregunta fundamental: “¿cómo se realiza hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese “caminar juntos” que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio?”. A partir de ahí, el documento señala los principales objetivos:

∙ hacer memoria sobre cómo el Espíritu ha guiado el camino de la Iglesia en la historia y nos llama hoy a ser juntos testigos del amor de Dios; 

∙ vivir un proceso eclesial participado e inclusivo, que ofrezca a cada uno – en particular a cuantos por diversas razones se encuentran en situaciones marginales – la oportunidad de expresarse y de ser escuchados para contribuir en la construcción del Pueblo de Dios; 

∙ reconocer y apreciar la riqueza y la variedad de los dones y de los carismas que el Espíritu distribuye libremente, para el bien de la comunidad y en favor de toda la familia humana;

∙ experimentar modos participados de ejercitar la responsabilidad en el anuncio del Evangelio y en el compromiso por construir un mundo más hermoso y más habitable; 

∙ examinar cómo se viven en la Iglesia la responsabilidad y el poder, y las estructuras con las que se gestionan, haciendo emerger y tratando de convertir los prejuicios y las prácticas desordenadas que no están radicadas en el Evangelio; 

∙ sostener la comunidad cristiana come sujeto creíble y socio fiable en caminos de diálogo social, sanación, reconciliación, inclusión y participación, reconstrucción de la democracia, promoción de la fraternidad y de la amistad social; 

∙ regenerar las relaciones entre los miembros de las comunidades cristianas, así como también entre las comunidades y los otros grupos sociales, por ejemplo, comunidades de creyentes de otras confesiones y religiones, organizaciones de la sociedad civil, movimientos populares, etc.; 

∙ favorecer la valoración y la apropiación de los frutos de las recientes experiencias sinodales a nivel universal, regional, nacional y local. 

Diversidad del Pueblo de Dios
Diversidad del Pueblo de Dios

“El presente Documento Preparatorio – se lee- se ofrece como servicio al camino sinodal, en particular como instrumento para favorecer la primera fase de escucha y consultación de Pueblo de Dios en las Iglesias particulares, con la esperanza de contribuir a poner en movimiento las ideas, las energías y la creatividad de todos aquellos que participarán en el itinerario, y facilitar la coparticipación de los frutos de sus compromisos”.

La "tragedia global" del coronavirus

El primer bloque, “llamada a caminar juntos”, admite los “cambios epocales de la sociedad y la Iglesia” que “no es posible ignorar”. La “tragedia global” de la pandemia del coronavirus “ha hecho detonar las desigualdades y las injusticias ya existentes: la humanidad aparece cada vez más sacudida por procesos de masificación y de fragmentación; la trágica condición que viven los migrantes en todas las regiones del mundo atestiguan cuán altas y fuertes son aún las barreras que dividen la única familia humana”, como ya se encargó de señalar Francisco en Laudato Si y Fratelli Tutti.

Esta situación, añade el texto, “pone a prueba la capacidad de la Iglesia para acompañar a las personas y a las comunidades para que puedan releer experiencias de luto y de sufrimiento”. Sin embargo, añade, “no podemos escondernos: la misma Iglesia debe afrontar la falta de fe y la corrupción también dentro de ella”. El documento hace especial hincapié en “los abusos sexuales, de poder y de consciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas”. Porque, “por mucho tiempo el de las víctimas ha sido un clamor que la Iglesia no ha sabido escuchar suficientemente”.

Por mucho tiempo el de las víctimas ha sido un clamor que la Iglesia no ha sabido escuchar suficientemente

“La Iglesia entera está llamada a confrontarse con el peso de una cultura impregnada de clericalismo, heredada de su historia, y de formas de ejercicio de la autoridad en las que se insertan los diversos tipos de abuso (de poder, económicos, de conciencia, sexuales)”, subraya el documento preparatorio del Sínodo, que sostiene cómo “es impensable «una conversión del accionar eclesial sin la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios”.

María, plenitud de mujer. A propósito de la fiesta de la Asunción
María, plenitud de mujer. A propósito de la fiesta de la Asunción

Jóvenes y mujeres

Frente a ello, la esperanza de muchas comunidades que “han comenzado a organizar encuentros y procesos de consulta al Pueblo de Dios” en los que “se confirman el deseo de protagonismo dentro de la Iglesia por parte de los jóvenes, y la solicitud de una mayor valoración de las mujeres y de espacios de participación en la misión de la Iglesia, ya señalados por las Asambleas sinodales de 2018 y de 2019”.

El texto trata de articular una respuesta que sirva para todos los rincones del mundo, pues “junto a países en los cuales la Iglesia reúne la mayoría de la población y representa una referencia cultural para toda la sociedad, existen otros países en los cuales los católicos son una minoría; en algunos de estos países, los católicos, junto con los otros cristianos, experimentan formas de persecución, incluso muy violentas, y a menudo el martirio”.

“Si, por una parte, predomina una mentalidad secularizada que tiende a expulsar la religión del espacio público, por otra parte, existe un integrismo religioso, que no respeta la libertad de los otros, alimenta formas de intolerancia y de violencia, que se reflejan también en la comunidad cristiana y en sus relaciones con la sociedad”

“Si, por una parte, predomina una mentalidad secularizada que tiende a expulsar la religión del espacio público, por otra parte, existe un integrismo religioso, que no respeta la libertad de los otros, alimenta formas de intolerancia y de violencia, que se reflejan también en la comunidad cristiana y en sus relaciones con la sociedad”, señala el texto, que admite cómo “no es infrecuente que los cristianos asuman estas mismas actitudes, fomentando también las divisiones y las contraposiciones también en la Iglesia”.

Clericalismo
Clericalismo

“En este contexto, la sinodalidad representa el camino principal para la Iglesia”, subraya el documento preparatorio, que aboga por “imaginar un futuro diverso para la Iglesia y para las instituciones a la altura de la misión recibida”, lo que “depende en gran parte de la decisión de comenzar a poner en práctica procesos de escucha, de diálogo y de discernimiento comunitario, en los que todos y cada uno puedan participar y contribuir”.

Y es que “una Iglesia capaz de comunión y de fraternidad, de participación y de subsidiariedad, en la fidelidad a lo que anuncia, podrá situarse al lado de los pobres y de los últimos y prestarles la propia voz”.

Comunión, participación y misión

¿Cómo construir una Iglesia auténticamente sinodal? Con tres ejes: “comunión, participación y misión”, siempre partiendo de un personaje principal: el santo Pueblo de Dios. “El Concilio ha subrayado como, en virtud de la unción del Espíritu Santo recibida en el Bautismo, la totalidad de los Fieles «no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando “desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos” presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres»”, recalca el documento, que ancla sus raíces en la tradición “que deriva de los Apóstoles y progresa en la Iglesia”.

Escuchad su voz
Escuchad su voz

Por ello, anima a los pastores a que “no teman disponerse a la escucha de la grey a ellos confiada”. “La consulta al Pueblo de Dios no implica que se asuman dentro de la Iglesia los dinamismos de la democracia radicados en el principio de la mayoría, porque en la base de la participación en cada proceso sinodal está la pasión compartida por la común misión de evangelización y no la representación de intereses en conflicto”, aclara.

Y es que ‘caminar juntos’ sin escuchar al Pueblo de Dios es imposible. “El sentido del camino al cual todos estamos llamados consiste, principalmente, en descubrir el rostro y la forma de una Iglesia sinodal, en la que cada uno tiene algo que aprender”.

Una Iglesia de puertas abiertas

En este “caminar juntos”, “pedimos al Espíritu que nos ayude a descubrir cómo la comunión, que compone en la unidad la variedad de los dones, de los carismas y de los ministerios, es para la misión: una Iglesia sinodal es una Iglesia “en salida”, una Iglesia misionera, «con las puertas abiertas»”, añade el texto, que invita a “profundizar las relaciones con las otras Iglesias y comunidades cristianas, con las que estamos unidos por el único Bautismo”.

Una multitud, con el Papa
Una multitud, con el Papa

El documento ofrece dos momentos en las Escrituras donde Jesús plantea la sinodalidad. El encuentro con la multitud y los apóstoles. “La acción evangelizadora y el mensaje de salvación no serían comprensibles sin la constante apertura de Jesús al interlocutor más amplio posible, que los Evangelios indican como la multitud”.

Y es que “Jesús acepta como interlocutores a todos aquellos que forman parte de la multitud”, desde la mujer cananea a la samaritana. También, a los apóstoles “que Él mismo llama desde el comienzo, destinándolos a la cualificada mediación en la relación de la multitud con la Revelación y con la llegada del Reino de Dios”.

“Jesús, la multitud en su variedad, los apóstoles: he aquí la imagen y el misterio que ha de ser contemplado y profundizado continuamente para que la Iglesia llegue a ser siempre más aquello que es”. Todos son fundamentales, “ninguno de los tres actores puede salir de la escena”.

Jesús sigue siendo un desconocido
Jesús sigue siendo un desconocido

Junto a los protagonistas, “el antagonista”, “la insidia que divide – y por lo tanto contrasta un camino común – se manifiesta indiferentemente en las formas del rigorismo religioso, de la intimación moral que se presenta más exigente que la de Jesús, y de la seducción de una sabiduría política mundana que pretende ser más eficaz que el discernimiento de espíritus”.

El otro episodio es la conversión de Cornelio a manos de Pedro, que muestra cómo “es en el encuentro con las personas, acogiéndolas, caminando junto a ellas y entrando en sus casas, como él descubre el significado de su visión: ningún ser humano es indigno a los ojos de Dios y la diferencia instituida por la elección no es preferencia exclusiva, sino servicio y testimonio de dimensión universal”. Porque el Evangelio se abre paso “derribando muros y promoviendo el encuentro”.

Pistas para la consulta

Finalmente, el documento ofrece “pistas para la consulta al Pueblo de Dios”, en forma de preguntas, que todos los fieles podremos responder a lo largo del proceso. La pregunta fundamental es la siguiente: “En una Iglesia sinodal, que anuncia el Evangelio, todos “caminan juntos”: ¿cómo se realiza hoy este “caminar juntos” en la propia Iglesia particular? ¿Qué pasos nos invita a dar el Espíritu para crecer en nuestro “caminar juntos”?”.  

Con diversos planos de interpretación: el estilo con el cual la Iglesia vive y actúa; el plano de las estructuras y los procesos eclesiales, y el plano de los procesos sinodales. Planos que “se interrelacionan y deben ser considerados juntos en modo coherente, de lo contrario se trasmite un testimonio contraproducente y se pone en peligro la credibilidad de la Iglesia”.

Francisco, siempre por el diálogo
Francisco, siempre por el diálogo

Por ello, añade el texto “es necesario tener presente que “caminar juntos” puede ser entendido según dos perspectivas diversas, fuertemente interconectadas. La primera mira a la vida interna de las Iglesias particulares, a las relaciones entre los sujetos que las ; la segunda, el caminar “junto a la entera familia humana”, con otras religiones, los alejados o el mundo de la política, la cultura, la economía o la sociedad civil.

Finalmente, el documento ofrece un Vademecum con “diez núcleos temáticos para profundizar”. Son los siguientes:

¿Hacia quiénes se encuentra “en deuda de escucha” nuestra Iglesia particular? ¿Cómo son escuchados los laicos, en particular los jóvenes y las mujeres? ¿Cómo integramos las aportaciones de consagradas y consagrados? ¿Qué espacio tiene la voz de las minorías, de los descartados y de los excluidos?

LOS COMPAÑEROS DE VIAJE 

En la Iglesia y en la sociedad estamos en el mismo camino uno al lado del otro. En la propia Iglesia local, ¿quiénes son los que “caminan juntos”? Cuando decimos “nuestra Iglesia”, ¿quiénes forman parte de ella? ¿quién nos pide caminar juntos? ¿Quiénes son los compañeros de viaje, considerando también los que están fuera del perímetro eclesial? ¿Qué personas o grupos son dejados al margen, expresamente o de hecho? 

ESCUCHAR 

La escucha es el primer paso, pero exige tener una mente y un corazón abiertos, sin prejuicios. ¿Hacia quiénes se encuentra “en deuda de escucha” nuestra Iglesia particular? ¿Cómo son escuchados los laicos, en particular los jóvenes y las mujeres? ¿Cómo integramos las aportaciones de consagradas y consagrados? ¿Qué espacio tiene la voz de las minorías, de los descartados y de los excluidos? ¿Logramos identificar prejuicios y estereotipos que obstaculizan nuestra escucha? ¿Cómo escuchamos el contexto social y cultural en que vivimos? 

III. TOMAR LA PALABRA 

Todos están invitados a hablar con valentía y parresia, es decir integrando libertad, verdad y caridad. ¿Cómo promovemos dentro de la comunidad y de sus organismos un estilo de comunicación libre y auténtica, sin dobleces y oportunismos? ¿Y ante la sociedad de la cual formamos parte? ¿Cuándo y cómo logramos decir lo que realmente tenemos en el corazón? ¿Cómo funciona la relación con elsistema de los medios de comunicación (no sólo los medios católicos)? ¿Quién habla en nombre de la comunidad cristiana y cómo es elegido? 

Colectivo de ordenación de mujeres en la Iglesia
Colectivo de ordenación de mujeres en la Iglesia

CELEBRAR 

“Caminar juntos” sólo es posible sobre la base de la escucha comunitaria de la Palabra y de la celebración de la Eucaristía. ¿Cómo inspiran y orientan efectivamente nuestro “caminar juntos” la oración y la celebración litúrgica? ¿Cómo inspiran las decisiones más importantes? ¿Cómo promovemos la participación activa de todos los fieles en la liturgia y en el ejercicio de la función de santificación? ¿Qué espacio se da al ejercicio de los ministerios del lectorado y del acolitado? 

CORRESPONSABLES EN LA MISIÓN 

La sinodalidad está al servicio de la misión de la Iglesia, en la que todos sus miembros están llamados a participar. Dado que todos somos discípulos misioneros, ¿en qué modo se convoca a cada bautizado para ser protagonista de la misión? ¿Cómo sostiene la comunidad a sus propios miembros empeñados en un servicio en la sociedad (en el compromiso social y político, en la investigación científica y en la enseñanza, en la promoción de la justicia social, en la tutela de los derechos humanos y en el cuidado de la Casa común, etc.)? ¿Cómo los ayuda a vivir estos empeños desde una perspectiva misionera? ¿Cómo se realiza el discernimiento sobre las opciones que se refieren a la misión y a quién participa en ella? ¿Cómo se han integrado y adaptado las diversas tradiciones en materia de estilo sinodal, que constituyen el patrimonio de muchas Iglesias, en particular las orientales, en vista de un eficaz testimonio cristiano? ¿Cómo funciona la colaboración en los territorios donde están presentes diferentes Iglesias sui iuris diversas? 

DIALOGAR EN LA IGLESIA Y EN LA SOCIEDAD 

El diálogo es un camino de perseverancia, que comprende también silencios y sufrimientos, pero que es capaz de recoger la experiencia de las personas y de los pueblos. ¿Cuáles son los lugares y las modalidades de diálogo dentro de nuestra Iglesia particular? ¿Cómo se afrontan las divergencias de visiones, los conflictos y las dificultades? ¿Cómo promovemos la colaboración con las diócesis vecinas, con y entre las comunidades religiosas presentes en el territorio, con y entre las asociaciones y movimientos laicales, etc.? ¿Qué experiencias de diálogo y de tarea compartida llevamos adelante con los creyentes de otras religiones y con los que no creen? ¿Cómo dialoga la Iglesia y cómo aprende de otras instancias de la sociedad: el mundo de la política, de la economía, de la cultura, de la sociedad civil, de los pobres…? 

VII. CON LAS OTRAS CONFESIONES CRISTIANAS 

El diálogo entre los cristianos de diversas confesiones, unidos por un solo Bautismo, tiene un puesto particular en el camino sinodal. ¿Qué relaciones mantenemos con los hermanos y las hermanas de las otras confesiones cristianas? ¿A qué ámbitos se refieren? ¿Qué frutos hemos obtenido de este “caminar juntos”? ¿Cuáles son las dificultades? 

Jerarquía
Jerarquía

VIII. AUTORIDAD Y PARTICIPACIÓN 

Una Iglesia sinodal es una Iglesia participativa y corresponsable. ¿Cómo se identifican los objetivos que deben alcanzarse, el camino para lograrlos y los pasos que hay que dar? ¿Cómo se ejerce la autoridad dentro de nuestra Iglesia particular? ¿Cuáles son las modalidades de trabajo en equipo y de corresponsabilidad? ¿Cómo se promueven los ministerios laicales y la asunción de responsabilidad por parte de los fieles? ¿Cómo funcionan los organismos de sinodalidad a nivel de la Iglesia particular? ¿Son una experiencia fecunda? 

DISCERNIR Y DECIDIR 

En un estilo sinodal se decide por discernimiento, sobre la base de un consenso que nace de la común obediencia al Espíritu. ¿Con qué procedimientos y con qué métodos discernimos juntos y tomamos decisiones? ¿Cómo se pueden mejorar? ¿Cómo promovemos la participación en las decisiones dentro de comunidades jerárquicamente estructuradas? ¿Cómo articulamos la fase de la consulta con la fase deliberativa, el proceso de decisión (decision-making) con el momento de la toma de decisiones (decision-taking)? ¿En qué modo y con qué instrumentos promovemos la transparencia y la responsabilidad (accountability)? 

FORMARSE EN LA SINODALIDAD 

La espiritualidad del caminar juntos está destinada a ser un principio educativo para la formación de la persona humana y del cristiano, de las familias y de las comunidades. ¿Cómo formamos a las personas, en particular aquellas que tienen funciones de responsabilidad dentro de la comunidad cristiana, para hacerlas más capaces de “caminar juntos”, escucharse recíprocamente y dialogar?

¿Qué formación ofrecemos para el discernimiento y para el ejercicio de la autoridad? ¿Qué instrumentos nos ayudan a leer las dinámicas de la cultura en la cual estamos inmersos y el impacto que ellas tienen sobre nuestro estilo de Iglesia? 

Santiago Agrelo: "A Dios lo deshonramos adornando templos y olvidando a los pobres"
Santiago Agrelo: "A Dios lo deshonramos adornando templos y olvidando a los pobres"

El documento concluye reclamando la implicación de todos los fieles en los procesos de consulta y opinión, sin olvidar a nadie, fundamentalmente a “la voz de los pobres y de los excluidos, no solamente de quien tiene algún rol o responsabilidad dentro de las Iglesias particulares”. 

“Recordamos -acaba el texto- que la finalidad del Sínodo, y por lo tanto de esta consulta, no es producir documentos, sino «hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos»”.

Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión by Jesús Bastante on Scribd

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