Nuestro día de acción de gracias



¡Feliz viernes! Cuando pensamos en esas tres palabras, acción de gracias, siempre nos viene a la cabeza el último jueves de noviembre en que los americanos se reúnen para compartir experiencia y tradición. Nosotros, los católicos, tenemos un día así y es precisamente hoy: son las témporas de acción de gracias. Por tanto, puede ser buen momento para pararse y darle gracias a Dios por lo que hemos vivido y pedirle fuerzas para lo que nos queda. ¿Te apetece unirte?



Si es así, nos va a echar una mano Anton Reicha (1770-1836), compositor checo nacido en Praga pero que luego se naturalizó francés. Destacó sobre todo componiendo para quinteto de vientos, su especialidad, pero también compuso óperas y varios textos de teoría de la música. Fue contemporáneo de Beethoven y profesor de Berlioz y Liszt. Su tío le dio las primeras lecciones pero luego se mudó a Viena donde pudo conocer a Haydn. En 1808 se trasladó a París y comenzó a componer género a mayor escala, intentando hacerse un hueco como operista. Pero su mayor fama fue como profesor de composición, materia para la que escribió un tratado que fue un texto muy usado en el siglo XIX. En cuanto al estilo musical, Reicha no destacó por las grandes innovaciones ya que era bastante conservador y formal. Aunque compuso obras ya en el XIX suena todavía algo anclado al XVIII, pero siempre manteniendo la calidad de sus obras y su intenso gusto por la melodía para la cual estaba especialmente dotado.

Reicha nos propone disfrutar hoy de su Te Deum, obra bastante desconocida suya que fue compuesta en 1825 para solistas, coro y orquesta. Fue un encargo del rey Luis XVIII para celebrar la campaña de España de 1823, en las que las tropas francesas vencieron a las de Fernando VII. Está compuesto en Mi Mayor y se desplaza muy poco de su centro tonal durante las distintas partes. Los solos, duetos y demás números son elegantes y tienen cierto toque operístico. El coro es omnipresente y solo se silencia en el «Tu ad liberandum», para soprano y tenor. Destaca también la soberbia fuga final sobre «In te Domine speravi», que nos muestra su solvencia en el contrapunto. Una bella obra con el himno de acción de gracias por excelencia. Demos gracias a Dios.

La interpretación es de Lucie Silkenová (soprano), Aleš Voráček (tenor), Michael Kubečka (bajo), el Coro Filarmónico de Praga y la Orquesta Filarmónica de Praga dirigida por Stanislav Vavřínek.

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