Abandonados a su suerte en el puente de la Amistad, esperan a ser recibidos por su Gobierno Migrantes paraguayos en Brasil: triples víctimas de la pandemia

Migrantes paraguayos, varados en el Puente de la Amistad
Migrantes paraguayos, varados en el Puente de la Amistad

El sueño de progresar y encontrar mejores horizontes en otras tierras ha terminado a consecuencia de esta terrible pandemia

Los migrantes paraguayos afincados en Brasil están sufriendo los efectos del coronavirus por triple partida; riesgo de infección, desempleo y un abandono total al regresar a su país

Sin lugar a dudas, esta pandemia nos desafía como iglesia, como sociedad civil y pone a prueba nuestra generosidad y solidaridad

El impacto del coronavirus (Covid-19) se hace sentir por todo el mundo. América Latina, en los últimos meses, se convirtió en el epicentro de la pandemia, especialmente Brasil, el gigante sudamericano, registra cerca de 800.000 casos y más de 40.000 muertos. Muchos factores han favorecido para la propagación del virus, entre ellos está la relativización de la enfermedad por parte del gobierno, ultraderecha, de Jair Bolsonaro quien no hizo cumplir el distanciamiento social.

La población de migrantes en São Paulo, Brasil, la mayor metrópoli sudamericana, sintió directamente las medidas adoptadas en esta ciudad para evitar la propagación del virus. Entre estos migrantes están los de nacionalidad paraguaya. La migración paraguaya en esta ciudad brasilera no es antigua, solo partir del 2005 que podemos reflejar una migración más acentuada. Anteriormente, los paraguayos optaban por emigrar a Argentina y España. Actualmente, según datos del consulado paraguayo, en São Paulo, se estima que haya unos 45.000 a 60.000 paraguayos dentro del Estado de São Paulo. La actividad principal de los migrantes guaraníes es el trabajo textil.

Dos situaciones concretas podemos subrayar con relación a los migrantes paraguayos. Primera, es el gran riesgo de infección frente al Covid-19, al cual están expuestos, porque viven o trabajan en ambientes donde no se cuenta con la protección necesaria. El trabajo en los talleres (oficinas de costuras, como le llama en São Paulo) en la mayoría de los casos se vive en condiciones muy precarias (ausencia de infraestructuras higiénica y sanitaria) y esto facilitaría la diseminación del virus.

La segunda situación es la que afecta a la mayoría, y se trata del desempleo provocado por el paro total de las actividades textiles y de los comercios en general en São Paulo; no todos los migrantes paraguayos están con la documentación regularizada, por eso no consiguen recibir la ayuda del gobierno brasilero. El pago del alquiler, la luz, el agua, la alimentación no espera y no sabe de pandemia. Muchos paraguayos recibieron ayudas en alimentación por parte de la Pastoral de los Misioneros Scalabrinianos y de la representación diplomática del Paraguay en São Paulo.

Debido al cese de las actividades laborales y estando en situación de necesidades básicas, miles de familias han tomado la decisión de regresar a Paraguay donde tienen sus casas y familiares. El sueño de progresar y encontrar mejores horizontes en otras tierras ha terminado a consecuencia de esta terrible pandemia. Lo que queda es volver y continuar la vida en el país de origen.

Por si todo esto fuera poco, la situación se agrava con la dificultad que encuentran al ingresar al país. Pues en Paraguay, los barrios, las ciudades y gran parte de la población protestó sobre el retorno de paraguayos residentes en São Paulo por miedo a contagiarse. En Paraguay se realiza severas restricciones para el ingreso al país. Debido a ello, cientos de migrantes quedaron abandonados a su suerte en el puente de la Amistad, esperando ser recibidos por el gobierno y hacer la cuarentena obligatoria dentro de los albergues comunitarios ofrecidos por el estado paraguayo.

Sin lugar a dudas, esta pandemia nos desafía como iglesia, como sociedad civil y pone a prueba nuestra generosidad y solidaridad. En el libro de Job 31,32 encontramos una expresión bellísima: “Cuando querían abusar del extranjero, yo no lo dejaba dormir en la calles, porque yo abrí mis puertas al caminante”. Que en tiempos de pandemia sigamos siendo una iglesia cercana, acogedora y abierta a aquellos que tocan en nuestras puertas.

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