El Padre eterno, el “pro multis” del Hijo y el internet del Espíritu Michael Moore: "Lo más importante en la cuestión litúrgica de la traducción del «pro multis» es la pregunta teológica y soteriológica que subyace: ¿quién y cómo es este Dios que nos salva a todos/a muchos por Jesús?"

¿Por muchos o por todos?
¿Por muchos o por todos?

"Más allá de lo que digan las comisiones litúrgicas, toda traducción tiene siempre algo de interpretación"

"Los textos evangélicos que narran esos acontecimientos tal y como los tenemos hoy, parecen reflejar más las celebraciones litúrgicas de la iglesia primitiva (segunda mitad del siglo I) que la última cena de Jesús"

"Dios es Aquel que nos ama siempre y a todos... Dios se revela salvándonos en Jesús y nos salva revelándose en él de forma insuperable. De parte del hombre queda salva la libertad de aceptar o no lo que se le ofrece"

sangre cruz

Supongamos que, por un momento y en una merecida pausa de su labor creadora y re-creadora, el Padre eterno decide conectarse a internet -¿o vivirá hiper-conectado?- para ver en qué andan sus hombres (de iglesia). Asiduo lector de Religión digital, le llaman la atención algunas notas/post de estos días -Él lo ve todo simultáneamente, en un eterno presente, sin necesidad de recurrir al historial como necesitamos hacerlo el común de los mortales- donde se habla de una tal nueva traducción del misal italiano, que reflota una discusión intraeclesial de más de medio siglo (en la última edición del problema). Se trata, en primera instancia, de cuál es la traducción más correcta desde el latín de los misales antiguos a las palabras pro multis que figuran en la liturgia eucarística, en el momento de la consagración del vino. No habiendo estudiado teología ni manejando fluidamente el latín -no consta que el  Padre eterno concurriera a ninguna de las Pontificias Universidades a realizar altos estudios- y no entendiendo demasiado de qué se trata la discusión, decide, por intercesión del Espíritu Santo, llamar a su Hijo para ver si éste puede echarle alguna luz sobre el asunto. Y, entonces, en fluido diálogo intratrinitario, el Padre le pregunta si él había dicho “pro multis”,pro vobis”, o “hyper pollôn”, en todo caso; en concreto, si en su intencionalidad quiso decir que derramaría su sangre “por muchos” o “por todos”. Luego de una pausa conmemoradora, el Segundo de los Tres responde que él no hablaba latín ni griego -por cuestiones socioeconómicas de la Encarnación- sino arameo. Y que, además, pasado tanto tiempo, no recordaba con exactitud milimétrica las palabras dichas en esa memorable y emocionante noche, por lo cual tampoco podría afirmar si las que se conservan hoy en el sagrado texto son las que salieron de su boca o pertenecen a la memoria interpretativa de alguno de sus compañeros-seguidores. Lamentando no haber podido dilucidar demasiado los interrogantes de su Padre, el Hijo se retira, por intercesión del Espíritu Santo, a seguir dialogando de poesía y profecía con el recién llegado ex-obispo de Sao Félix de Araguaia. Un poco menos omnisciente aunque no más preocupado por ello, el Padre se desconecta de la web y se va detrás del Hijo para conocer personalmente al famoso Pedro Casaldáliga.

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ultima cena Dali

No estoy muy seguro si el diálogo intratrinitario apenas transcripto fue real o lo imaginé yo, presa del impacto y la perplejidad que también a mí me produjo leer e intentar comprender esas cuestiones -y conste que yo sí fui a una Pontificia Universidad a estudiar teología… aunque regresé con más preguntas que respuestas-. Dejando de lado -al menos por un momento- las ironías, como creyente y como teólogo la cuestión me suscita estos puntos de reflexión que, sin duda, merecerían un desarrollo argumentativamente justificado. Espero sirva, al menos, esta enumeración:

  • Cuestión lingüístico-hermenéutica. Hay un problema complejo en la traducción. La formulación final en español -o italiano- es traducción del latín, que ha traducido el griego, que ha traducido palabras pronunciadas en arameo. Y, más allá de lo que digan las comisiones litúrgicas, toda traducción tiene siempre algo de interpretación. ¿Cómo traducir el griego “hyper pollôn”? La mayoría de los estudiosos afirman que esa expresión obedece a un semitismo con sentido inclusivo: no significa “muchos”, sino “todos”. Comparando con otros textos, destacan que en la Escritura se usa “por muchos” como equivalente a “por todos”. La razón de este intercambio entre “muchos” y “todos” se debe a que el trasfondo semítico de la palabra “polloi” (muchos) es el término hebreo “rabbim” y el arameo “saggi'in”, que significan “muchos”, pero no excluyen la totalidad -como en castellano- sino que equivalen a la misma.
  • Cuestión cristológica. Los textos evangélicos que narran esos acontecimientos tal y como los tenemos hoy, parecen reflejar más las celebraciones litúrgicas de la iglesia primitiva (segunda mitad del siglo I) que la última cena de Jesús. No es posible alcanzar las ipsissima verba Iesu. Ni siquiera los ipsissima gesta Iesu. La actual investigación histórica sobre Jesús es más modesta y se “conforma” con llegar hasta la ipsissima intentio Iesu. Vista en  conjunto y desde la totalidad de la prédica y acción de Jesús, creo que resulta evidente que su vida -su sangre derramada- era entregada por la salvación de todos los hombres (muy probablemente, en la vida de Jesús hubo un proceso gradual de apertura y universalización respecto los destinatarios de su misión).
  • Cuestión teológica. No quiero resultar reductor en mi planteamiento pero me parece que, en definitiva, lo que se pone en juego y creo que es lo más importante del tema, es la imagen de Dios que subyace y a la vez con-forma a través de la discusión litúrgica. Es decir, la cuestión teo-lógica y soterio-lógica: ¿quién es este Dios que salva a muchos o a todos por/en Jesús? Claro que con esto nos asomamos al Misterio último y sólo podemos balbucear respuestas. En este punto, mi posición es de principio -y de final-: Dios es Aquel que nos ama siempre y a todos. Eso lo manifiesta de un modo particular y definitivo en la vida, muerte y resurrección de Jesús, en el cual se ofrece la plenitud de la revelación y la salvación. Dios se revela salvándonos en Jesús y nos salva revelándose en él de forma insuperable. De parte del hombre queda como desafío la libertad de aceptar o no lo que se le ofrece.
  • Cuestión epistemológica-eclesiológica. Si lo que, en última instancia, se trata de definir es la intencionalidad salvífica de Dios (revelado en Jesucristo) ¿quién puede arrogarse de manera definitiva el derecho a la última interpretación? ¿Puede quedar reservada a las diferentes opiniones y -aparentes- disputas entre papas: Pablo VI, Juan Pablo II, Ratzinger-Bendedicto XVI y Francisco? Sólo apunto que en esta, como en otras tantas cuestiones disputadas, todavía falta recorrer un largo trecho para una reflexión más sinodal y mancomunada entre el magisterio jerárquico, los teólogos y el sensus fidelium (cf DV 8).

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 Imaginemos, finalmente que, un rato más tarde, luego de una amena charla con dom Pedro, el Padre eterno -antes de irse a dormir- vuelve a conectarse a internet, y lee lo que acabo de escribir. Seguramente sentirá que sigue sin comprender nada. Es entendible y no es preocupante, porque la teología es para nosotros. En ese caso, quizá siga navegando un poco más por este portal y dese el archivo de humor gráfico, nos comparta como mensaje de cierre de todo esto, con una leve y caritativa mueca de sonrisa, esta imagen, Cortés-mente:

Cortés-resetear iglesia

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