Reflexiones éticas del Madrid-Barcelona

El impacto social que rodea al mundo del futbol es tan amplio y tan importante que aspirar a evangelizar en la sociedad actual pasa por conocer ese mundo y los valores que le caracterizan.

En los últimos días el eco del partido Real Madrid-Barcelona ha llegado a millones de personas. Y en torno a esa pugna deportiva hay reflexiones éticas a poner sobre el tapete.

No es fácil hablar de futbol, porque las opiniones están enormemente sesgadas y condicionadas por el color de nuestro equipo preferido. Pero hay que hacerlo, procurando minimizar la carga subjetiva.

Una opinión muy extendida acepta que en el partido del Bernabéu, aun con el dominio del Barcelona, el resultado estuvo condicionado por un error arbitral. Ese error estuvo inducido por la mentira de un jugador del Barcelona, que aparentó haber sido fuertemente golpeado. Es evidente que fue “teatro” y “apariencia”, porque un instante después corría por el campo con absoluta normalidad.

Independientemente de quien lo haga, y de que sea o no de nuestro equipo, un comportamiento así debería rechinarnos. Deberíamos cuestionarlo y criticarlo. Porque, si no lo hacemos, ¿qué mensaje estamos trasmitiendo? ¿Vale la mentira? ¿El fin justifica los medios?

El entrenador del Real Madrid, con una prepotencia y una vanidad enfermiza, perdió el sentido de la realidad e interpretó el error arbitral en términos de conjura de las más altas instancias deportivas contra su equipo.

Ese hombre es el referente de millones de niños “enganchados” al futbol. ¿Qué valores trasmite? ¿La ausencia de autocrítica? ¿el todo vale para engrandecer su figura y denostar la del contrario? ¿el ver la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio?

Tengo amigos simpatizantes de uno y otro equipo y les he preguntado por lo ocurrido.

Desde el Barcelona justifican la hipocresía y me dicen que “muchos otros jugadores y equipos engañan y simulan falsas agresiones”.

Desde el Madrid adoptan una postura más papista que el papá y justifican la actitud del entrenador “porque así evita que la presión mediática recaiga sobre los jugadores”.

Y, una vez más me revelo, tanto en un caso como en el otro: ¿es que TODO VALE?

RECOMENDACIONES y DESEOS

Al amigo futbolero creyente quiero decirle: ¡Viva el futbol! Pero no este futbol de la mentira, la hipocresía, la soberbia y el todo vale.

Al amigo creyente ajeno al futbol: evangelizar aquí y ahora pasa por hablar de futbol e interpretarlo en clave de valores que emanan del evangelio.
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