El pecado de omisión ante la telebasura

Respondiendo al aluvión de críticas recibidas Nestlé declaró “nuestros principios corporativos no contemplan patrocinar o avalar contenidos que para conseguir audiencia se alimenten de sexo, violencia o comportamientos ofensivos para el resto de la sociedad”.
Para Bayern “el eslogan de nuestra empresa no casa con lo visto en este espacio”.
Lo ocurrido es una gran noticia que está a punto de cargarse el programa. Y merece una seria reflexión sobre las consecuencias que se derivan de la misma.
Yo no pongo la mano en el fuego por reconocer que dichas empresas hayan actuado por conciencia. Pero sí estoy convencido de que si los ciudadanos protestamos y boicoteamos a las empresas que apoyen con su publicidad la telebasura las empresas aprenderán a gestionar los riesgos derivados de donde invierten su publicidad.
Aprenderán a no contratar a ciegas sino teniendo en cuenta los contenidos de los programas junto a los cuales aparece su publicidad. Aprenderán, por las buenas (por conciencia) o por las malas (por conveniencia) que “no todo vale” y sabrán que por el bien de sus negocios deberán actuar en consecuencia.
La presión que podemos ejercer sobre las empresas es un recurso potentísimo que tenemos como consumidores.
Es un poder que como ciudadanos responsables debemos ejercer. Para evitar que lo ocurrido no sea una mera anécdota sino el principio de una actuación más responsable de las empresas.
Si no ejercemos ese control, poder y presión sobre las empresas deberíamos pensar si no somos algo cómplices de que la telebasura persista. Deberíamos pensar si no incurrimos en pecado de omisión.