¿Dar o no dar?

¿Qué hacer? Ella va muy modestamente vestida, pero el niño lleva unos buenos zapatos. Son de un pueblo lejano. Recuerdo que en las últimas dos semanas he apoyado a dos o tres casos graves, uno de ellos con más de 800 soles... A este ritmo me voy a arruinar. Pero ¿cómo no iba a ayudar a M., que es pobre de solemnidad y tiene un niño con un tumor cerebral? ¿O a la mamá de V., enferma de la columna, con una hija discapacitada y que se las ve y se las desea cada día para poner el plato de comida? Por otra parte... ¿cómo voy a estar soltando dinero así, al primero que aparece...?
Recuerdo que mi compañero Vicente me aconsejó antes de venir al Perú "no dar"; por lo menos al principio, así, tajante. Porque los padrecitos gringos tenemos fama de forrados, y en buena parte es la imagen que hemos dado: que manejamos plata, que vamos por la vida solucionando problemones, creando dependencias, cayendo en el paternalismo, a veces con complejo de redentores... Y veo que puede ser cierto; y es fácil, también: uno da, la gente te lo agradece mucho porque "el padrecito es muy bueno", y tú te sientes estupendamente salvando el mundo cada cuarto de hora.
Entonces, ¿apoyo a esta señora o no? ¿Y si no lo necesita en realidad? ¿Y si viene "a ver si cae algo", cosa que sucede constantemente? ¿Qué hago? Es un dilema cotidiano. De momento, como en todo, voy ensayando y equivocándome. No quiero ser ventanilla del banco, intuyo que dar así, sin más, no conduce a nada bueno ni resuelve los verdaderos problemas. Si esa señora tiene un tumor, deberían prescribirle una ecografía en Chachapoyas, por ejemplo. ¿Habrá entendido al doctor? Quizá había que haber empezado por ahí.
Y al mismo tiempo, hay situaciones que te llegan al alma, personas que sufren pobreza, abandono, enormes dificultades familiares, enfermedades sobrecogedoras... Y ante eso, ¿cómo no compartir al menos algo de lo que uno tiene? Y más si en España me dan "para que ayude". A mí me cuesta trabajo pedir, pero a los lectores de este blog les digo que, si quieren aliviar algunos dolores y remediar un poco ciertas miserias, yo recibiré encantado sus compartires (grandes o chiquitos, no importa) y procuraré que sirvan para que la vida sea más soportable y haya algunas sonrisas más volando por este Perú.
César L. Caro