Cada día me encuentro con más personas que detestan el coche. Una noche vinieron a cena a casa unos amigos, después de la cena se nos ocurrió salir a tomar una copa: “Vamos en metro”, les dije. “No vamos en nuestro coche”, respondieron. No encontramos en donde aparcar y tuvimos que volver a casa a tomar la copa. Yo no lo detesto pero hace años que lo vendí y alquilé la plaza de parkin que me había comprado para revalorizar el piso que hacía años me había comprado. El fin de semana que quiero salir, y para las vacaciones, alquilo un coche. Cuando regreso a casa después de haberse cerrado el metro, cojo un taxi; los viajes largos, los hago en avión. He echado cuentas con la ayuda de economistas: Al cabo de siete años, lo que mas o menos me hubiera durado un coche, no habré gastado el estricto valor del coche; me habré ahorrado, los seguros, las reparaciones, la gasolina, las autopistas. Y sobre todo: habré ganado una tranquilidad impagable y ahorrado un montón de hybris.