Fe, apuestas y transfusiones de sangre

Mi mejor amigo en el colegio se llamaba Josué, y era Testigo de Jehová. A los nueve años, hicimos una singular apuesta (un dineral para nuestra ingenua edad): cinco duros (25 pesetas de las de antes), a ver qué Dios era el verdadero, y quién iba a estar en el Cielo. Con el tiempo, aquella apuesta se transformó en una auténtica amistad, que ha perdurado en el tiempo, y que hace pocos meses hemos logrado retomar gracias a las nuevas tecnologías. Afortunadamente, ambos recordamos aquella apuesta, mas con otros ojos: los dos pagaríamos de buen grado esos cinco duros -o su equivalente en euros-, y más, a cambio de vernos felices en la eternidad, más allá de ser o no de los famosos 144.000.

Cuando llegó la adolescencia, sin embargo, nuestras discusiones tomaron un cariz, digamos más serio, y comenzamos a rebatir argumentos de fe. Recuerdo que uno de los más inexplicables para mí era el de la negativa de los Testigos de Jehová a recibir transfusiones, para lo cual se basaban en una interpretación digamos que excesivamente rigorista (por no poner otro calificativo) de las Escrituras.

Les cuento esto porque ayer tuvimos noticia de la muerte de una mujer de 61 años de edad en Sevilla, quien tras un accidente se negó a ser trasfundida, alegando motivos religiosos y blandiendo un documento de últimas voluntades. Poco más se puede decir sobre el particular: únicamente resaltar la urgencia de delimitar, claramente, dónde acaba la libertad religiosa y dónde empieza la dignidad humana y el respeto a la ley. Ahora que tanto se critican iniciativas como la de la reforma de la Ley de Libertad Religiosa, y se plantean otras como la creación de un Observatorio sobre el Pluralismo Religioso, creemos que es tiempo de dejar bien claros ciertos "límites". No para constreñir la libertad, sino para salvaguardar el sentido común.

Pues la fe -equivocada o no- no justifica cualquier actuación. Ni en el siglo I (recuerden a Jesús pidiendo dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios), ni en tiempo de las Cruzadas ("Dios lo quiere"), ni mucho menos en la época actual. Porque la vida -la terrenal y la eterna- valen más que cinco duros. O que una transfusión de sangre. ¿No creen?

baronrampante@hotmail.es
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