En un gesto sin precedentes,
la Iglesia católica vasca ha hecho un interesante ejercicio de "memoria histórica", y rehabilitado el nombre -y quién sabe si algo más- de 14 de los 70 sacerdotes de Euskadi "
ejecutados" -la palabra, sacada del documento hecho público ayer, está escrita con toda la intención- durante la Guerra Civil por el bando franquista. A partir de aquí, se pueden hacer
varias consideraciones: en primer lugar, un
gesto contra la identificación entre el "todo" de la Iglesia y una determinada forma de entender la política y la vida, ayer y hoy (ojo, por los dos bandos, que en Euskadi, y lo sabemos, también se da esa identifcación sangrante); en segundo término, la
reivindicación de la memoria de todos los fallecidos, fueran del bando que sea (aunque luego habría que analizar si sólo hay que homenajear a estos muertos por el hecho de ser sacerdotes. La eterna sospecha de que los curas son más "importantes" en la Iglesia que el resto del Pueblo de Dios, pero en fin); en tercer lugar, una
llamada de atención ante las macrobeatificaciones que se avecinan. Pese a la interpretación que algunos hacen de los titulares -incluyendo el que abre esta página-, este reconocimiento no supone que se vaya a incoar
causa alguna de beatificación para estos sacerdotes. El martirio, también, es otra cosa. Y estos curas, como tantos miles de españoles, fueron "ejecutados" por uno y otro bando. Y,
lamentablemente, 70 años después, estamos recuperando el espíritu de frentismo, del conmigo o contra mí, de los blancos y los negros. En la política, las discusiones de bar, la calle... también en la Iglesia. Ayer, la Iglesia vasca dio un paso arriesgado hacia delante, tal vez el último comandado por Uriarte. Veremos la respuesta, desde el otro lado, dentro de muy poco.
Hace falta construir mucho más.
baronrampante@hotmail.es