Lo que Rouco no dirá en su discurso

Por supuesto, Rouco no pronunciará un solo sonido sobre el caso de los bebés robados y la supuesta implicación de religiosos/as en el mismo, como ya lo hiciera con los abusos sexuales. El escándalo amenaza con convertirse, como señalan algunos especialistas, en la piedra de toque de la Iglesia de nuestro país, al igual que la pederastia lo ha sido en Irlanda, Estados Unidos o Bélgica. En España, únicamente José Ignacio Munilla ha mostrado cierta sensibilidad con las víctimas de este tráfico de niños.
Tampoco se espera que el cardenal de Madrid reconvenga a monseñor Reig Pla, o diga palabra alguna de aliento para los homosexuales, más allá de las clásicas condenas a los infiernos de la perdición. Nadie espera que un obispo de la Iglesia católica se posicione a favor del matrimonio homosexual -sería pedir demasiado-, pero sí al menos una mano tendida. Tampoco esperen algo así.
Como ya hizo en su diócesis, Rouco no dirá una palabra más alta que otra sobre la crisis económica y la reforma laboral que llevó a la reciente huelga general. Aquí será absolutamente comedido, incluso esquemático. La clásica diatriba sobre la crisis económica que es sobre todo una crisis de valores y poco más. Aguarden sentados a una declaración crítica del estado de la cuestión.
Un rotundo silencio se alzará entre las páginas escritas del discurso cuando Rouco no diga nada acerca del gesto, que muchos piden a la Iglesia en estos momentos, de renunciar a la exención del IBI y otros impuestos. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios, pensarán algunos.
Tampoco se escuchará nada de Teología. O, al menos, del estudio libre de la misma. Así, tampoco sabremos nada de la opinión de Rouco Varela acerca del "aviso" a Queiruga, o sobre José Antonio Pagola. Libres los quiere Dios...
Por supuesto, tampoco hablará de futuro. Del futuro de la Conferencia Episcopal y su organización, viciada y controlada con mano férrea por sus estrechos colaboradores. Ni del suyo propio, pese a que ya se encuentra en edad de jubilación. Más cortinas de silencio. Y eso que, a veces, nuestros obispos estarían tan bien callados...