Foro de I. Ellacuría



Globalización: Retos a la teología de la liberación

2. Globacización: ¿Que se puede decir de los cambios operados?

En primer lugar, el concepto de globalización apunta a la necesidad de tomar conciencia de una realidad fundamental: por primera vez en la historia de la humanidad somos parte de un único mundo. Esto es un hecho: todos los pueblos y culturas del planeta estamos interconectados mediante las estructuras creadas por la economía del mercado capitalista, es decir, por las redes de comunicación e información, por los problemas medioambientales, por una cultura global de masas (R. Ortiz: Mundialzacao e Cultura, Sao Paulo 1994), por el mercado financiero, por la moda y el turismo, por la ciencia y la tecnología.

Tampoco podemos negar que estamos ligados a otros pueblos y grupos humanos por luchas y anhelos semejantes, por sueños compartidos de libertad y emancipación y, sobre todo, por una conciencia planetaria que es nueva en la historia de la humanidad. En este sentido, se esta abriendo de hecho un nuevo horizonte a la humanidad, respecto a las formas como las personas llegan a entender el mundo y a sí mismas y respecto a las posibilidades de cooperación y solidaridad abiertas por la nueva situación.

Este es el resultado de un largo proceso de transformaciones, que ha cambiado estructuras mentales y culturales, rompiendo esquemas estrechos y sistemas cerrados. Ha surgido la necesidad de pensar globalmente y actuar localmente, ha emergido el sentimiento de lo global y de la responsabilidad ante el destino común del planeta. Todo este horizonte nuevo desata un potencial inmerso de energías, moviliza voluntades y desarrolla la creativad, plantea a las conciencias la noción y el reto de pensar el planeta como la única casa de todos en donde podamos sentirnos todos los seres humanos como hermanos.

En segundo lugar, y sin negar los cambios mentales y culturales apuntados, resalta el hecho trágico de que las formas de inserción y participación de los pueblos y grupos en esta socidad global se han vuelto aún más desiguales y más injustas. La globalización y la llamada localización son al mismo tiempo fuerzas impulsoras y formas de expresión de una nueva polarización y estratificación de la población mundial, dividida ahora en ricos globalizados y pobres localizados (U. Beck ¿Qué es la globalización? Paidós, Barcelona 1998).

Si tomamos la globalización económica como el eje del proceso, cuestión en que no están de acuerdo todos los estudiosos, en la perspectiva de los países pobres, la característica más fundamental del capitalismo mundializado puede ser descrita como el paso de una explotación integradora (como en los modelos de desarrollo exportados por Estados Unidos para América Latina en los años 50-60)a una expoliación excluyente.

En otras palabras, la economía capitalista parece haber superado una fase más antigua, en la cual, aunque explotando a las clases trabajadoras y a los países periféricos, por lo menos se les incluía en su proceso civilizador. La nueva fase se caracteriza principalmente por la marginación sistemática de masas de trabajadores, regiones, países y categorías sociales dentro de los prompios países ricos, es decir: su exclusión de cualquier participación influyente en la conducción del proceso capitalista. Hoy se considera feliz quien aún puede ser explotado.

Alejados de la conservación y de la reproducción de la economía capitalista mundial, los pueblos y grupos humanos del Tercer y Cuarto Mundos son social y económicamente marginados a una no-existencia y relegados a un no-lugar, pero siguen viviendo e incomodando. Este estado de cosas puede llevar a la destrucción misma del proyecto civilizador y emancipador de la modernidad occidental. Esta fracasará totalmnete en su promesa de autonomía e igualdad en el caso de dejar triunfar la razón cínica que se apoderó de ella. Aun así, no creamos que los excluidos se quedarán quietos en espera de su muerte colectiva.

En tercer lugar, en el contexto de los grandes procesos en curso, hay que prestar atención al hecho de que la esfera de la cultura, en contra de una interpretación materialista y mecanicista, sale potenciada en su influjo e imbricación en los procesos económicos y sociales. Hoy la cultura es el ámbito privilegiado y complejo donde acontecen y se difufunden cambios y transformaciones que afectan al propio sector productivo. Estamos asistiendo al resurgir de una "cultura global de masas", que ya no puede ser considerada mero espejo o reflejo de los procesos económicos y tampoco como una esfera totalmente subordinada al imperactivo tecnológico.

Pero esta cultura, estimulada y difundida mundialmente por la sociedad productora de mercancías, no es sólo una mezcla de elementos de culturas locales, ni está constituida solamente por elementos de la cultura de países más poderosos (a veces ocurre). El capitalismo transnacional mundializa una cultura funcional, la cultura del mercado. Y es aquí donde se re-crea, se juega y se manipula la dimensión simbólico-religiosa del ser humano.

En este ámbito, el propio mercado se presenta como el sustituto postmoderno de la religión. Precisamente este ha sido identificado por la teología de la libración hace años como el principal reto, no sólo para ella misma y para el cristianismo, sino para toda teología y para toda religión (H. Assmann-F.Hinkelammert: A Idolatria do Mercado, Petropolis 1989). Por tanto, ¿qué es la cultura del mercado?.

Ver: Alberto da Silva Moreira
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Solidaridad y Cristianismo
La globalización y sus excluidos
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