Sintonía Sarkosy- Benedicto XVI

El Papa que fue a Francia dispuesto a conducir al pueblof francés al redil de San Pedro de Roma, ha terminado haciendo la loa de sus raíces cristianas. Lourdes ha hecho el milagro. Parece que sus discursos esta vez se los ha dictado el Espíritu Santo: La laicidad en sí misma no es contradictoria con la fe, sino que la fe es fruto de una "laicidad sana".Benedicto XVI dixit.

A su vez el Presidente Sarkozy, iluminado también, defendió la "laicidad positiva" de la República Francesa como una invitación al diálogo, la tolerancia y el respeto mutuo, asegurando que para las democracias sería "una locura" privarles de las religiones. (Siempre que las religiones sean compañeras críticas de camino de las utopías humanas que han de hacerse realidad, añadiría yo).

La sintonía entre el Papa y el mandatario galo es manifiesta, pero no podía ser de otra manera, puesto que el Presidente de la República Francesa ostenta el título de canónigo honorario en la basílica de Santa María de Roma. Por cierto, es el primer canónigo divorciado.

Aclarado con tanta lucidez el tema de la laicidaz, a la que ya no podemos temer, sino todo lo contrio, el Pontífice dió una lección magistral al mundo de la cultura, en el que dijo que a través de la razón se puede llegar a Dios. (Rectifica así el Sumo Pontífico el desacierto de otro momento en que consideraba la Ilustración como el origen de todos los males, lo mismo que hiciera ya su predecesor Juan Pablo II).

Hizo también una llamada al mundo entero para que "huya" de los ídolos, que encadenan al hombre al reino de las apariencias y le alejan de la felicidad y su verdadero fin que está en Dios. Dijo asimismo que la codicia insaciable es una idolatría y que el amor al dinero y el afán de tener y poder es "la raíz de todos los males". Un buen consejo para tener en cuenta en este tiempo de crisis económica, que afecta particularmente a los países pobres, donde muchos ciudadanos no tienen ni para poder saciar el hambre.

Me imagino que los obispos y el clero tradicional españoles e hispanos habrán tomado buena nota de estos discursos del Papa, sobre todo en lo que se refiere a la laicidad del Estado que tanta polémica inútil ha despertado. El Estado laico es una exigencia democrática, que le obliga a tratar a todos los ciudadanos por igual, sea cual sea su religión o no tenga ninguna. La laicidad se reduce a eso. No hay ninguna batalla por parte del Estado a la Iglesia o a las religiones.

Lamentablemente la batalla quien la ha iniciado en España y la está manteniendo es el sector conservador católico. Estoy convencido que es mucho más cristiano ocuparse ahora y siempre de los temas sociales aquí y en todo el mundo, porque de ellos depende la vida de muchos hombres y mujeres. Es hora que desaparezcan de una vez las batallas de sacristia. Las energías de nuestra fe hemos de gastarlas en la tranforamación de la Sociedad, haciéndola más justa e igualitaria. Esa es la exigencia fundamental del cristianismo, que nos pide amar al prójimo como a nosotros mismos.

Sería bueno recordar a todos, clero y fieles, que en la II República el Estado Vaticano y el Estado Español decidieron de mutuo acuerdo que el Estado fuera laico. Y fue modélico en el mundo hasta que alguien hizo una interpretación errónea de la Constitución que derivó hacia la contienda de 1936, que tantas víctimas causó y que nos hizo retroceder 40 años respecto a los países europeos de nuestro entorno. Es bueno recordar todo esto para no repetir los mismos errores.

Bienvenido sea el Estado laico en compañía de una justicia social sana que acerque a las clases sociales, porque todos tenemos los mismos derechos ante Dios y los hombres.
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