Sociedad familiar
Algunos ya lo habéis adivinado, la más antigua de las sociedades y la única natural es la familia, todas las demás son convencionales.
Con todo, como el hombre/mujer nace libre, los hijos permanecen ligados a los padres durante el tiempo que necesitan de sus cuidados. Cuando esta necesidad desparece el lazo natural se disuelve y ellos levantan el vuelo, se independizan. Esto lo estamos viviendo entre nosotros desde hace unos pocos años.
Una vez que los jóvenes tienen un trabajo seguro, que les proporciona recursos suficientes para alquilar o comprar un piso, abandonan el hogar y comienzan una vida propia sin sujección de ninguna clase.
Los hijos están ya libres de la obediencia que debían a sus padres. Y éstos, exentos también del cuidado de los hijos, comienzan a gozar igualmente de cierta independencia.
En el caso de permanecer todos juntos, la convivencia ya no se hace forzosa y naturalmente, sino voluntariamente, y en ese caso la familia misma no pervive más que convencinoalmente y no por necesidad natural.
La primera ley del hombre/mujer es velar por su propia conservación; sus primeros cuidados, pues, son los que se debe a sí mismo. Llegado a la edad de razonar se convierte en juez y dueño de sus actos. Eso explica que en la ley del aborto que se prepara actualmente, se haya fijado en 16 años la edad de interrumpir el embarazo aun sin consentimiento paterno.
Todo esto es bueno saberlo, porque no son pocos los que interpretan la independencia temprana de los hijos del recinto familiar más como libertinaje que como una consecuencia de la propia naturaleza humana.
Si se quiere, la familia se puede interpretar como el primer modelo de las sociedades políticas: en estas el jefe es la imagen del padre; el pueblo representa a los hijos, y todos, habiendo nacido iguales y libres, no alienan su libertad más que por cierta utilidad.
La diferencia radica en que en la familia el amor del padre hacia sus hijos le recompensa de los cuidados que les dispensa, mientras que en el Estado es el placer de mandar lo que reemplaza a ese amor que el jefe no siente por sus pueblos. (Véase J.J. Rousseau, El contrato social.)
www.porunmundomasjusto
Con todo, como el hombre/mujer nace libre, los hijos permanecen ligados a los padres durante el tiempo que necesitan de sus cuidados. Cuando esta necesidad desparece el lazo natural se disuelve y ellos levantan el vuelo, se independizan. Esto lo estamos viviendo entre nosotros desde hace unos pocos años.
Una vez que los jóvenes tienen un trabajo seguro, que les proporciona recursos suficientes para alquilar o comprar un piso, abandonan el hogar y comienzan una vida propia sin sujección de ninguna clase.
Los hijos están ya libres de la obediencia que debían a sus padres. Y éstos, exentos también del cuidado de los hijos, comienzan a gozar igualmente de cierta independencia.
En el caso de permanecer todos juntos, la convivencia ya no se hace forzosa y naturalmente, sino voluntariamente, y en ese caso la familia misma no pervive más que convencinoalmente y no por necesidad natural.
La primera ley del hombre/mujer es velar por su propia conservación; sus primeros cuidados, pues, son los que se debe a sí mismo. Llegado a la edad de razonar se convierte en juez y dueño de sus actos. Eso explica que en la ley del aborto que se prepara actualmente, se haya fijado en 16 años la edad de interrumpir el embarazo aun sin consentimiento paterno.
Todo esto es bueno saberlo, porque no son pocos los que interpretan la independencia temprana de los hijos del recinto familiar más como libertinaje que como una consecuencia de la propia naturaleza humana.
Si se quiere, la familia se puede interpretar como el primer modelo de las sociedades políticas: en estas el jefe es la imagen del padre; el pueblo representa a los hijos, y todos, habiendo nacido iguales y libres, no alienan su libertad más que por cierta utilidad.
La diferencia radica en que en la familia el amor del padre hacia sus hijos le recompensa de los cuidados que les dispensa, mientras que en el Estado es el placer de mandar lo que reemplaza a ese amor que el jefe no siente por sus pueblos. (Véase J.J. Rousseau, El contrato social.)
www.porunmundomasjusto