TEOLOGÍA Y POLÍTICA 15-2-2008

En un libro titulado Teología y Vida Pública he tratado de hacer ver que el cielo y la tierra no están tan distantes, y que la política es un lugar privilegiado donde el cristiano puede verificar su fe, tomando parte activa en las instituciones públicas que la propia sociedad se ha dado.

Es urgente que desde todas los frentes del pensamiento nos propongamos devolverle a la política su condición virtuosa, que vieron ya en ella los filósofos griegos y que los grandes pensadores de todos los tiempos han intentado en vano que recupere.

Entre ellos está J. Ortega y Gasset, cuyo discurso político goza de plena actualidad. Para él, la política es una de las virtudes públicas que hemos de practicar, si queremos moralizar la sociedad; lamenta que los españoles insistamos tanto en las virtudes privadas que ya poseemos en lugar de practicar las públicas que nos faltan, como es la política y otras que veremos en otro momento.

Su tesis es que sin la práctica de las virtudes públicas no hay redención del hombre/mujer(Observen el álito religioso que rezuma su lenguaje). En este sentido habla de la conveniencia de que la virtud emerja del fondo del alma y de hacer laica la virtud. En su misma línea otros filósofos actuales que se ocupan de la ética, como fue Aranguren en su día, insisten en que la política ha de ser honesta y sensible a las carencias de la sociedad. La política así entendida el Papa Pío XI la calificó como "máxima expresión de caridad".

A pesar de esta intuición papal, la política apenas ha estado presente en la teología, siendo así que de ella depende que valores fundamentales de la tradición judecristiana, como justicia, libertad y paz, estén presentes o no en el mundo. Ha sido a partir de la Constitución Pastoral del C. Vaticano II, que le presta mucha atención, cuando surge una verdadera teología política con JB. Metz, J.Moltmann y H. Cox. Una teología ecuménica, porque Metz su promotor es católico y los otros dos protestantes.

Estos teólogos intuyeron que no se podía hacer teología de espaldas a los signos de los tiempos y a la vida pública, que es uno de ellos. Están convencidos de que la vida que viven los hombres y las mujeres en el mundo es el escenario en el que se desarrolla la historia de la salvación, porque el Dios bíblico se revela preferentemente en ella.

Sabedor de todo esto, Unamuno criticó que la teología hubiera derivado en manual de abogacía ajeno a la vida del hombre/mujer en el mundo. De esta manera la teología llegó a esclerotizarse. Hoy, a la luz del documento concliar citado, podemos decir que la teología tiene como prioridad servir a la vida de honbres y mujeres, creyentes y no creyentes, santos o pecadores. Y así no hace sino entrar en la corriente de los grandes profetas y de Jesucristo, el mayor de todos ellos.
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