La política eclesiástica de Ortega



J. Ortega y Gasset

De la fe católica a la filosofía laica

Cuando se trata de un país católico, la valoración integral de una política depende mucho del enfoque que se dé a las relaciones entre la Iglesia y el Estado. En el caso de Ortega este aspecto es decisivo, porque él había abandonado el catolicismo muy jóven y se había formado una concepción laica del mundo, en abierta oposición a sus compatriotas. Por eso el examen de su política eclesiástica no puede hacerse si antes no se ha entendido lo que fue su crisis religiosa.

La pérdida de la fe católica de Ortega pertenece a las defecciones clásicas de los intelectuales del siglo XIX. De hecho, fueron las lecturas precoces de algunos de ellos las que les estimularon a dar ese paso. En el caso de Ortega fue la lectura de Renán (J. Ortega y Gasset, Introducción metódica, Orbras Completas I, 443, Madrid 1983: "Los libros de Renán me han acompañado desde niño; en muchas ocasiones me han servido de abrevadero espiritual, y más de una vez han calmado los dolores metafísicos que acometen a los corazones mozos sensibilizados por la soledad". (Sobre Ortega, colegial de Miraflores del Palo, véase J. Iriarte, Ortega y Gasset, Su persona y su doctrina (Madrid 1942).

La crisis de fe orteguiana se inició ya en el clima nada peligroso del internado malagueño. No fueron pocos los alumnos de El Palo, el Puerto, Chamartín, Carrión de los Condes, Orduña y otros colegios jesuíticos de fines del siglo XIX y principios del XX, que habiéndo sido en el internado muchachos ejemplares, se hicieron luego incrédulos o, por lo menos indiferentes. Algunos de esos alumnos, después acatólicos, fueron en el colegio Prefectos de las Congregaciones Marianas, otros Brigadieres y otros Emperadores de clase. El alumno J. Ortega y Gasset fue Prefecto de la Congregación Mariana y "Emperador de Romanos y Cartagineses".

Se han hecho estadísticas y el catálogo correspondiente de todos estos alumnos da una explicación más o menos plausible de su posterior defección. De todos modos el por qué estos alumnos mejores, en vez de resultar paladines del catolicismo, se convirtieron en promotores de la concepción laica de la vida es una cuestión muy compleja. La expicación tiene que sopesar muchos factores y no puede ser polémica y unilateral como hasta ahora.

Despojado de la fe católica, Ortega ya no creyó en más realidades efectivas que en el hombre/mujer. Estos significaban para él las aspiraciones infinitas que en el fondo del corazón humano manan incansablemente. Eran las aspiraciones hacia la cultura (entendida esta como "cultivo de lo específicamente humano"), hacia el arte, la ciencia (la oposición de la Iglesia a la ciencia motivó su salida del catolicismo), hacia todas las virtudes morales clásicas y, especialmente hacia la justicia social.
(Ver Nicolás González, Unamuno y Ortega) En todo esto coinciden hoy muchos teólogos con Ortega, sobre todo los que fundamentan su teología en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, por ejemplo, La Nueva teología Política Europea y la Teología de la Liberación.
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