Fe: confianza básica, conocimiento amoroso (conversación con E. Tourón)

Introducción, confianza básica. Un diálogo con H. Küng
Entre los teólogos cristianos más conocidos del siglo XX, empeñado en trazar un diálogo entre las religiones, H. Küng ha puesto de relieve el valor de la religión como fe, es decir, como confianza radical, en su obra clásica titulada: ¿Existe Dios?. Paradójicamente, ha vinculado crítica teológica e ingenuidad vital o confianza originaria.
En el plano de la discusión teórica, H. Küng ha seguido y acogido la racionalidad cartesiana, la dialéctica de Hegel, las críticas de Nietzsche, los juicios negativos de Freud y del marxismo. Pero, dando un paso más, nos ha llevado hasta una hondura donde la existencia del humano se funda en la confianza. Como primer principio, indemostrable en sí mismo y premisa de todas las demostraciones posteriores, paradigma existencial más hondo que las negaciones de la ciencia, de Marx y de Freud, Küng sitúa la confianza originaria, entendida como protoexperiencia o presupuesto que subyace en todas las razones posteriores. Antes de buscar demostraciones, en el ejercicio mismo de su discusión crítica o negadora, el humano necesita confiar en la realidad. De lo contrario dejaría de ser y moriría.
Su confianza radical está fundada en un gesto concreto, previo a todo pensamiento discursivo: la relación del niño con la madre. El calor afectivo de la madre o de quien haga sus veces genera una confianza que explica y funda la vida del humano: esa confianza es base de su salud psíquica y fundamento de su praxis. Más allá del pienso cartesiano, de los imperativos de Kant o de las visiones sociales del marxismo, más allá de la misma ley freudiana del edipo (conflicto del humano con su padre), se halla la confianza original que el niño aprende en brazos de su madre.
La confianza radical (Grundvertrauen) se transparenta y culmina según Küng en la confianza en Dios (Gottvertrauen): experiencia de hallarse apoyado en el sentido último de la realidad. Küng no quiere ni puede probar en un nivel de ciencia: no aduce argumentos de tipo científico, pero, interpelado por los enigmas de la realidad, zarandeado por los ataques de la crítica, la angustia de la vida y la sospecha, él apela a la confianza radical, materna, entendiéndola como signo de Dios, revelación religiosa originaria. Küng, que ha empezado su libro sobre Dios con la sana intención de dialogar con la crítica de la modernidad, ha terminado donde otros hubiéramos comenzado: frente a la sospecha radical y consecuente sitúa el retorno a la confianza primera, en ejercicio sanamente ascético de fundamentación de la vida a partir de los gestos del niño que, unido a su madre, aprende a ser querido. En el camino que va del amor de la madre a los otros amores (fraternidad, enamoramiento, justicio) ha de situarse el despliegue de lo religioso.
Desarrollo: los significados de creer:
El verbo anglosajón glauben (creer) viene de la raíz geloben,lieben, y believe,love, (amar, amor). Y el verbo latino credere probablemente de cor-dare =dar su corazón (a alguien).El amén viene del verbo hebreo que significa afianzar, afirmar, sustentar, subsistir: Si no creeos en mi, dice Yahvé, no podréis subsistir (Isaías, Habacuc).
1) Yo creo puede significar en un contexto de saber y conocimiento a yo opino, a la que se le puede oponer otra opinión que esté mejor fundamentada en razones y goce de mayor certeza y verdad. Es en este caso la fe equivale a una opinión, lejos de el saber o conocer científico por demostración o verificación. El "yo creo" equivale a "yo opino", porque no lo sé. Implica ignorancia, un saber sólo de una manera aproximada. Es un modo transitorio y aproximativo del conocimiento. Está entre la sospecha y el conocimiento.
2) En el lenguaje de todos los días hay otro uso del creer. Es el "yo creo en ti, yo te creo". Es una acto de conocer y de relacionarse las personas. "La fe es primordialmente un acto de encuentro y de confianza, que abarca inteligencia, voluntad y sentimiento en su unidad originaria. La forma “yo creo en ti” es radical y universal; se refiere a la totalidad de la persona, más que la fórmula “te creo”, sujeta a una posible limitación. En todo caso la fe se mueve bajo esa forma primordialmente no en el campo del yo y el ello, del yo y del mundo objetivo, sino en el marco del encuentro entre el yo y el tú; es un acto personal.
"Yo creo en ti, yo te creo". El creer no sólo es un acto de encuentro, sino una eminente forma de conocimiento". Es la única forma válida en el conocimiento de las personas y es su único modo válido de conocimiento del otro. Lo contrario sería reducir la persona a objeto: cosificarla. Y eso es cuando se pretende reducir a la persona a sus condicionamientos psicológicos, sociológicos, económico-políticos de los medios de comunicación. Son condicionamientos de la persona ciertamente, pero sometiéndola a la presión de las circunstancias. Se sabe de ella lo que se quiere saber y manipular, ajeno a ella misma.
Fe, conocimiento personal
En otro tiempo, el concepto de persona era definido desde su esencia que no cambia y corría el peligro de olvidar sus condicionamientos psicológicos, sociales y económicos. Hoy se tiende a sobreestimar éstos hasta hacerlos exclusivos y definitorios del hombre y a marginar, omitir y suprimir el mismo misterio de su personalidad irrepetible e intransferible -fuente de su dignidad. Toda persiana por si misma es objeto de reconocimiento y de estima, valor y objeto de amor.
La persona no es un objeto entre otros objetos. Sino un sujeto que se revela como es por su libertad. Ella puede resistirse a manifestarse como es, a permanecer muda, encerrada en si misma. Si lo hace también así se da a conocer como persona, aunque le fin de la persona es darse a conocer a los demás y fundar una convivencia fructífera es acto de buena disposición el abrirse y sólo lo hace en condiciones favorables y si lo hace en condiciones adversas resulta un testimonio martirial de la persona (grandeza y dignidad de la persona con valor trascendente que funda inmortalidad).
La psicología profunda trata de conocer las profundidades de la persona: el inconsciente individual y colectivo. Y aunque esto es importante y valioso no es toda la persona y está en función de la relación interpersonal valiosa. El conocimiento de la persona está más en el conocimiento de la mismidad de la persona consciente y personal más que en lo impersonal e inconsciente.
En ese lugar profundo de la vida, allí donde el inconsciente se hace proto-conciencia... allí donde la vida es aceptación confiada y creadora, está la fe. Tú sabías, Eliseo, que el hombre (hombre o mujer) vive de la fe. En ella vives, en ella nos veremos un día.