"Las ovejas se han independizado y están así mejor, sin pastores... aunque con riesgos" ¿Ovejas sin pastor, pastores sin ovejas? Ni clericalismo ni sometimiento

Ovejas sin pastor
Ovejas sin pastor

— ¿Las ovejas han dejado a los pastores y se han ido (perdido), y andamos así errantes, confundidos, aplastados, extenuados, sin rumbo?¿O nosotros, presuntos pastores, hemos dispersado a las ovejas, las hemos perdido y así  van extenuadas, sin rumbo? 

Posiblemente hay en la Iglesia un complejo de pastores “sin olor a oveja” y de  ovejas que dicen que se han encontrado a sí mismas al perder de vista a los pastores de turno... 

Sea como fuere parece haber  un divorcio en el que no es fácil discernir las responsabilidades. Habrá visto el lector que me he colocado en ambas partes, pues todos somos pastores  y todos ovejas.

Pero ¿es verdad que las ovejas andan perdidas...? Algunos piensan que por vez primera en la historia las ovejas se han independizado y están así mejor, sin pastores... aunque con riesgos.

Hay diversos tipos de pastores: Políticos y eclesiásticos, electrónicos... Con perro y sin perro. Con mitra y sin mitra. Y hay tambièn varios tipos de ovejas... y muchos no quieren ser ovejas, sino seres humanos, amigos (Jn 15, 15).

Seguiré hablando del tema. Hoy  me limito a tomar algunas ideas de mi comentario de Mateo sobre este evangelio.Es un evangelio para leer, para comentar... y quizá para recrear. algunas cosas

Leer el texto... Pensadlo. 

Posiblemente, este año 2023 no es tiempo de hablar de una iglesia de ovejas... ni de pastores al estilo antiguo... No quiero pastores con olor de oveja, ni con complejo de pastoreo Ni de "pastoral", ni de "pastoril", como sabe ya el Sal 23.

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Pero es bueno empezar desde el principio, y para eso nos ayuda este evangelio de Mateo. Buen domingo a todos. 

¿Tendremos que cambiar de lenguaje y de actitudes ? ¿Cambiar el mismo lenguaje de Jesús, el de la iglesia de hoy? ¿Dejar de ser ovejas? ¿Dejar de hacerse pastores? Sea como fuere, existe un largo, profundo divorcio entre pastores y "ovejas"… y no se ve solución fácil.

De todas formas,  el evangelio de este domingo puede ayudarnos a plantear el tema, que no es sólo ni ante todo el de  las mujeres sacerdotes (tema que debería estar resuelto positiva), sino el del tipo y función de los pastores "evangelio" que son (somos) al mismo tiempo ovejas: Hermanos, amigos, compañeros, mujeres, niños, varones… 

Resulta curioso que los protestantes llamen a sus ministros "pastores", mientras que los católicos tendemos a llamarles "sacerdotes y/o padres". Pero no quiero seguir en ese plano, sino comentar sencillamente el texto de Mateo, que es importante, pero no en el único ni definitivo sobre el tema". Su "amigo" Pabl le habría corregido... Pero vengamos a Mateo. Habrá otros días para otras cosas... 

Texto. Mt 9,36-10,8. Ovejas sin pastor, discurso de envío. 

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.  

Entoces dijo a sus discípulos: "La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies." Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis."

Nuevo impulso, el principio misericordia (9, 36-37).

 Era más fácil dejar las cosas como estaban, re-formar lo que había, desde sus principios anteriores, con ciertos ajustes legales, como quería el rabinismo. Era más difícil re-fundar el judaísmo en un plano universal, pasando así de la enseñanza al kerigma y del kerigma a la sanación, pues ello implicaba un cambio fuerte, de manera que para conservar lo anterior había que re-crearlo, desde las raíces del mensaje judío, como expresión radical del amor misericordioso de Dios que se abre a todos los hombres, reinventando de esa forma su auténtico camino. 

9 36 Y viendo a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban oprimidos y aplastados como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dijo a sus discípulos: La tarea de la siega es mucha y los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Dueño de la mies (=siega final) que envíe obreros a su siega[1].

 Este pasaje consta de dos partes.

(a) 9, 36 está tomada de Mc 5, 34 con algunos añadidos, que destacan la compasión fundante de Jesús, entendida como principio de su misión mesiánica, que empezará en Mt 10;

(b) 9, 37-38) proviene de la tradición misionera del Q (Lc 10, 2). Ambas partes unidas son la introducción al discurso misionero que sigue (Mt 10) y a todo el resto del evangelio.

‒ Oprimidos y aplastados como ovejas que no tienen pastor 9, 36).

Esta palabra (que Mateo ha recibido de Mc 6, 34) retoma una imagen de Num 27, 17, donde Moisés, a quien Dios ha anunciado su muerte, le pide que nombre tras él un buen pastos, para que los israelitas no queden indefensos, no sean aplastados. Más tarde, esa palabra (como ovejas sin pastor) ha venido a convertirse en elemento clave de la tradición escatológica de Israel que aparece una y otra vez como pueblo disperso, humillado, sometido (cf. Ez 34, 8; Zac 10, 2 y el Apocalipsis de las Semanas de 1 Henoc 83-90). Mc 6, 34 cita esta sentencia en el contexto de la muchedumbre que sigue a Jesús carente palabra ni comida (introducción al relato de la multiplicación de los panes). Mateo la sitúa aquí en la apertura de la gran misión, cuando Jesús descubre de un modo personal la miseria del pueblo, sin guías ni pastores, a merced de todos los engaños y peligros, mentiras y opresiones.

Ésta no es una sentencia espiritualista, de tipo exclusivamente religioso (en el sentido moderno del término), sino una palabra de tipo “social”. Lo que Jesús descubre y lo que ponen de relieve Marcos y Mateo, cada uno en su contexto, es la opresión “integral” de las muchedumbres (no de unas pequeñas élites de privilegiados. No estamos ante una miseria individual (por culpa de algunos hombres aislados), sino ante una miseria y opresión social, producida no sólo por falta de pastores, sino por la existencia de pastores pervertidos, que oprimen al pueblo. Ésta es, por tanto, una experiencia de protesta económica y política, que Jesús asume, compartiendo el lamento de la gente que viene a su encuentro, lo mismo que Moisés al comienzo de su misión, cuando descubre que Dios siente/comparte el dolor de su pueblo oprimido en Egipto (Ex 2, 23-25; 3, 7-10). Ésta es la experiencia desencadenante del evangelio[2]. 

Sintió compasión)  Mateo retoma la palabra clave de Mc 6,34 (evsplagcni,sqh), tomada del lenguaje teológico del Antiguo Testamento, donde Dios aparece como aquel que se apiada de su pueblo, no sólo en los textos antes citados (Ex 2, 23-25; 3, 7-10), sino en el pasaje de la revelación suprema, tras la ruptura del primer pacto, cuando Dios se presenta a Moisés pronunciado las palabras centrales de la teología bíblica (¡Dios clemente y misericordioso, rico en piedad…!: Ex 34, 6-7).

Apolinar de Rávena - Wikipedia, la enciclopedia libre

Aquí aparece el Dios que tiene “entrañas de misericordia” (spla,gcna evle,ouj), y se compadece de los hombres, como ha destacado Lucas en el canto del Benedictus (Lc 1, 78). Pues bien, Mateo presenta así a Jesús como portador de esa misericordia de Dios, y de esa forma le mostrará también en 15, 32 compadeciéndose del pueblo hambriento que le sigue, lo mismo que de la muchedumbre necesitada (Mt 14, 14) o del ciego que le pide curación (cf. Mt 20, 34). Esta experiencia de Jesús, que siente compasión por el pueblo doliente al que encuentra arrojado y oprimido constituye el punto de partida de su acción mesiánica, y la raíz de su mensaje, como expresión de la misericordia de Dios que se revela a través de su evangelio[3].

 ‒ Porque estaban oprimidos y aplastados (evskulme,noi kai. evrrimme,noi), como ovejas sin pastor (9, 36). Estas palabras, que no aparecen en Marcos, indican el carácter “social” del pecado, es decir, de la situación de los hombres y mujeres de quienes Jesús se compadecer, como enviado de Dios. Todo este pasaje nos sitúa ante un nuevo camino de éxodo, y los oprimidos no son ya los hebreos cautivos de Egipto (Ex 2, 23-25), sino las muchedumbres de Galilea (en tiempo de Jesús), o del entorno de Antioquía (en tiempo del evangelista Mateo).

No se trata, pues, de una situación de miseria intimista (de pecado puramente privado), sino de injusticia social, que proviene de la falta de pastores verdaderos. Hombres y mujeres se encuentran vejados (evskulme,noi), es decir, maltratados, y en sentido general oprimidos. Se dice además que ellos se encuentran arrojados con violencia, pisados en el suelo, aplastados. Esta es la situación de los hombres y mujeres que Jesús descubre en su camino: No son sólo ignorantes religiosos, a los que debe enseñar (¡cosa también cierta!), sino oprimidos sociales a quienes se debe liberar, para que puedan recuperar su dignidad humana.

‒ La tarea de la siega es mucha, los obreros pocos… (9, 37). En el origen de la misión de Jesús se encuentra por tanto el descubrimiento de la miseria social de las multitudes, no sólo en el contexto galileo de su tiempo, sino en el entorno de la comunidad de Mateo. No se trata, pues, de un tema “sacral”, en el sentido de falta de pureza sagrada, un problema que podría resolverse cumpliendo mejor los ritos religiosos del buen pueblo, sino de un problema social en el sentido fuerte de ese término. La solución no es por tanto ser mejores israelitas (cumpliendo unos ritos nacionales, que separen a los judíos de los otros pueblos), sino vivir en libertad y dignidad, de manera que unos hombres no se encuentren vejados y arrojados (aplastados) por otros.

 Desde aquí se entiende esta sentencia final, tomada del Q (cf. Lc 10, 2), en la que Jesús dice a sus discípulos “la mies (=la tarea de la siega de Dios) es mucha, los obreros pocos”; pedid, pues, al dueño de la mies…

Evangelio de Mateo

Esa palabra nos lleva de la imagen del cuidado por el rebaño (¡sintió piedad porque eran como ovejas sin pastor…!), a la gran tarea escatológica de “recoger” la mies ya madura, pues ha llegado el verano (qerismo,j, de qeri,zw), que evoca la siega, con todo lo que eso implica de segar y cosechar el grano (cf. Jn 4, 35). Este pasaje nos sitúa en el contexto de la primera gran llamada de 4, 18-22, donde Jesús convoca a los cuatro primeros pescadores para la pesca final. Aquí dice a los suyos que “pidan a Dios”, para que envíe obreros para la gran siega, ya preparada.

‒ Pedid, pues, al Dueño de la mies (siega final) que envíe obreros… . Este motivo nos sitúa ante la siega final, evocada en Ap 14,15, con tonos urgentes, de recolección final. En ese contexto de revelación y cumplimiento de la gran cosecha, que aparecía también en el mensaje del Bautista (Mt 3, 7-10) ha introducido el Q (cf. Lc 8, 2) la tarea de los “obreros de Dios” (evrga,taj, hacedores). Aquí no es ya Jesús el que envía, como hará en 10, 5 (cuando manda a los doce, para la misión de Israel) y en 28, 16-20 (cuando envía a los once al mundo entero), sino que es el mismo Dios el que ha de enviar a sus obreros para realizar la obra final.

Jesús puede llamar y enviar, en nombre de Dios, como ha hecho en 4, 18-22 y como hará en 10, 5 y 28,16-20: pero en el fondo la misión definitiva es de Dios, que quiere preparar y suscitar trabajadores para su viña. Ese envío forma parte de un misterio de gracia ante el que los hombres pueden y deben preparase en forma de oración.

Rogad a Dios (, pedid con mucha fuerza, en la línea de la oración fundamental (pedid y se os dará: 7, 7) y del Padrenuestro (venga tu reino: 6, 10). Dios mismo es quien envía (quien hace a los hombres cooperadores de su obra…), pero son los hombres y mujeres los que deben disponerse y prepararse para ser enviados[4].

Ciertamente, Jesús puede proponer y enviar él mismo (como veremos en Mt 10), pero, en el fondo, tanto su obra como la obra de sus discípulos está en las manos de Dios, quien aparece como dueño/señor de la siega (kurioj tou/ qerismou/), es decir, de la mies o cosecha de la historia. Juan Bautista (3, 7-10) presentaba esa cosecha de manera más amenazadora (cortar los árboles sin frutos), como acción que parecía exclusiva de Dios. Por el contrario, Jesús la presenta como algo que no es solamente propio de Dios, pues en ella han de colaborar los hombres (operarios, evrga,taj), iniciando así con ellos un camino de Reino[5].

 ‒ Una obra de hombres, no de ángeles. La novedad de esta oración (¡pedid al Dueño de la mies…! 9, 38) está en el hecho de que los trabajadores que Dios ha de enviar son hombres y/o mujeres, no ángeles de Dios, como supone en un contexto semejante la interpretación de la parábola del trigo y la cizaña (13, 36-43), donde Jesús dice taxativamente que los obreros (evrga,taj) del Reino son los ángeles apocalípticos de Dios: La siega de la mies (el qerismo.j de 13, 39) es la culminación del cosmos (sunte,leia aivw/noj), y los trabajadores finales, que ahora se llaman “segadores de la mies” (qeristai.), son los ángeles de alto, como si se tratara de una obra “superior” (de otro plano), donde los hombres y mujeres en concreto no son protagonistas, sino que están en manos de los poderes angélico-diabólicos, en medio de la gran lucha, entre principios angélicos y destructores, una batalla en otra dimensión, con los hombres como dependientes, manejados desde fuea en una especie de teatro cósmico/sacral de espíritus).

 Pues bien, en contra de esa visión parabólico-simbólica de Mt 13 (y de la interpretación del trigo y la cizaña: 13, 36-43), aquí, al final de la sección de los “milagros y de las vocaciones” (Mt 8-9), como introducción al envío misionero de Mt 10, Jesús dice que pidamos a Dios obreros/trabajadores (evrga,taj), que no son ángeles, sino hombres y mujeres, nosotros mismos. Ésta es su novedad: En un contexto apocalíptico, donde parece que las cosas van a resolverse en otra dimensión (en un tipo de lucha entre diablos y ángeles), antes del gran envío, Jesús nos recuerda que la obra de Dios se decide en un nivel humano. Tenemos que pedirle a Dios que suscite  entre los hombres y mujeres, trabajadores de su Reino.

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 Así culmina el conjunto de imágenes activas que van apareciendo en este evangelio: pescadores de la gran pesca (4, 18-22), pastores que cuidan del rebaño (9, 36), agricultores de la siega del fin de los tiempos (9, 38)… Todo eso culmina y se condensa en esta petición: Que surjan desde Dios hombres y mujeres dispuestos a realizar su obra. Por eso, los  segadores de la mies de Dios (los qeristai. de 13, 39), no son ya espíritus apocalípticos, sino hombres y mujeres muy concretos, obreros (evrga,taj) de las obras del Cristo, que en 11, 2-4 se entienden en sentido sanador. No son recolectores para segar y lanzar al fuego la mala cosecha como en 13, 36-43, o en Ap 14, 15, sino trabajadores humanos al servicio de la nueva humanidad reconciliada, sanada.

      Con esa petición (rogad al dueño de la mies/siega que envíe segadores…) culmina esta sección-bisagra (9, 35-38), que empezaba retomando la acción de Jesús (enseñar en la sinagogas, proclamar el evangelio, curar) y terminaba destacando la situación de las multitudes, que aparecían oprimidas y aplastadas, por falta de buenos pastores (es decir, por la acción destructora de los opresores). Jesús critica implícitamente a los malos pastores que oprimen y aplastan a las ovejas (9, 36) y pide a los suyos que rueguen a Dios, para que envíe buenos trabajadores para la cosecha final de la historia (9, 37-38).

Esa situación requiere un cambio urgente, que ha de darse no sólo en un plano de oración (como indica la palabra de 9, 38: deh,qhte ou=n ¡pedid pues! sino de colaboración mesiánica. Jesús podría haber dicho “yo lo voy a remediar…” (o “Dios proveerá”), dejando el tema y su resolución en manos de la providencia (o de una acción mesiánica de tipo milagroso, cf. 4 Es 13). Pero él hace algo distinto: Ruega a Dios que envíe “obreros” a la mies, y que sus discípulos los pidan, en gesto de oración poderosa: El mismo (Jesús), respondiendo a esa oración y cumpliendo lo que ella implica, preparará y enviara de un modo decidido unos obreros del Reino, para que realicen la obra de Dios, como se irá diciendo en Mt 10 (y en especial en 10, 5-16)[6].

MT 10, 1-8

El pastor, sus ovejas y el joven ejecutivo - Vida Positiva

DISCURSO DE ENVÍO EN GALILEA

  Tras la petición anterior, con elementos de Marcos y el Q, y acudiendo a sus propias tradiciones, ha construido Mateo este capítulo que trata de la primera misión de Galilea, que por una parte mira hacia el pasado (la tarea antigua de Jesús y de sus seguidores, al principio de la Iglesia) y que por otra se abre al futuro del envío universal que el mismo Jesús resucitado proclamará en 28, 16-20:

 10 1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, a fin de expulsarlos y curar toda enfermedad y dolencia. 2 Éstos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el del Zebedeo, y su hermano Juan; 3 Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; 4Simón el Cananeo, y Judas Iscariote, el que lo entregó. 5A estos doce los envió Jesús mandándoles que transmitieran lo siguiente, diciendo: (10, 1-5a)[9].

 Jesús confía a sus doce autoridad sobre los espíritus impuros, para expulsarlos y curar toda enfermedad y dolencia, en la línea de su tercera tarea (9, 35). Así iremos precisando el sentido de su autoridad, relacionada con el anuncio del Reino y la enseñanza de las sinagogas.

‒ Doce, comunidad de Israel (10, 1). Mateo no los había citado, ni en 4, 18-22 (elección de los cuatro pescadores), ni después al ocuparse de otros (8, 18-22; 9, 9). Sólo ahora, por sorpresa, descubrimos la existencia de este grupo. No son doce sin más, sino los doce (tou.j dw,deka) sin que Mateo lo hubiera precisado, pues supone que su iglesia conoce ese dato. A diferencia de Mc 3, 13-14, que describe su institución, Mateo no lo hace, pues sabe que se trata de un grupo bien conocido. Ellos pertenecen al recuerdo del pasado israelita de las doce tribus, que Jesús asume (cf. 19, 28) en su proyecto escatológico y en su misión concreta, en Galilea y en Jerusalén (cf. 10, 2. 5; 11, 1; 20, 17; 26, 14); por eso no tiene necesidad de resultar su origen ni sentido.

‒ Discípulos de Jesús. Mateo no les define de un modo explícito, como israelitas, representantes del pasado eterno de su pueblo, sino como discípulos (maqhta.j). No son “doce” por israelitas, sino por seguidores mesiánicos de Jesús, porque han escuchado, conocen su doctrina y comparten sus milagros. Estamos pues ante un nuevo comienzo, realizado a partir de Israel, pero que tiene como referencia básica la enseñanza de Jesús, con el grupo de sus primeros discípulos, cuyo nombre básico no es apóstoles, en la línea de una tradición más helenista, sino discípulos, pues han aprendido con y de Jesús lo que ahora expone el evangelio de Marcos.

‒ Apóstoles. Ciertamente, Mt 10, 2 les llama enviados (apóstoles, avpo,stoloi, en hebreo shelahim: ~yxiyliV.), como adjetivo participial (del verbo avposte,llw), más que como nombre propio, y así lo vuelve a destacar en 10, 5. Conforme a la tradición de Pablo (y de sus discípulos), los representantes de la tradición del Jesús pascual son apóstoles, enviados del resucitado, fundadores de Iglesias, y de esa forma preceden a los maestros, evangelistas o profetas (cf. 2 Cor 12, 28-29; Ef 4, 11). En Mateo, en cambio, los primeros en la Iglesia de Jesús no son apóstoles, sino discípulos, que en cuanto enviados reciben el nombre de apóstoles (cf. 10, 5), pero que no pueden ser enviados si no son discípulos, y así extienden el discipulado (cf. 28, 16-20).

Elección de obispos: ¿y si preguntamos siempre a laicos y religiosos?

Los nombres de los Doce. Primero Pedro (10, 2-4). Mateo recoge aquí la lista de Mc 3, 16-19, con unas pequeñas variantes. (a) Sigue poniendo primero a Simón, llamado Pedro (cf. Mc 3, 16; Mt 16, 13-20), y le vincula más estrechamente con Andrés, su hermano, y vienen después los zebedeos, que no reciben ya el nombre de Boanerges (cf. 4, 18-22). En esa línea, de un modo muy significativo, Mt 10, 2 dice que el primero  es Pedro, concediéndole así un lugar especial, en la línea de 1 Cor 15, 5, donde Pablo supone que Jesús resucitado se apareció primero a Pedro. Esta prioridad explícita de Pedro anticipa la función que Jesús le concederá en 16, 16-19. (b) Mateo cita después a Felipe y Bartolomé, como hace Marcos, pero invierte el orden de Tomás y Mateo, a quien llama el “publicano”, para identificarle con el de 9, 9. Los restantes siguen el orden de Marcos[10].

 10, 4b-15: Instrucción misionera

      En ese contexto se entiende este pasaje que Mateo ha recibido de Mc 6, 7-11 y de la tradición Q (conservada más fielmente en Lc 10, 1-8) y de. Contiene recuerdos de la praxis misionera de Jesús y sus primeros seguidores, pero ella ha sido reinterpretada por las comunidades cristianas, especialmente en Galilea. Este pasaje no expone la misión posterior de los helenistas y Pablo, ni de la Iglesia establecida de Jerusalén (con Santiago, hermano del Señor), sino el recuerdo de Jesús, y sus seguidores, en los primeros años de misión galilea, tras la pascua, en línea intrajudía. No se trata, por ahora, de abrir el judaísmo hacia fuera, sino de vivirlo de manera mesiánica, a partir de  la enseñanza y kerigma de Jesús (cf. 4, 23; 9, 35). Los portadores de esa misión serán profetas carismáticos, vinculados  a los Doce, como saben Mc y el Q, cuyos temas recoge y unifica Mateo[11]:

Mt 10, 5b-15 (Mc y Q)

5 No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria; 6 id, más bien, a las ovejas descarriadas de Israel.

7 Yendo, pues, proclamad diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios; gratis recibisteis, dadlo gratis.

1 5 No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria; 6 id, más bien, a las ovejas descarriadas de Israel

 Esta prohibición (no vayáis…) y este mandato (id más bien) puede entenderse como expresión de la conducta misionera de algunas iglesias judeo-cristianas o como prohibición histórica de Jesús:

Como prohibición histórica de Jesús. Ciertamente no es imposible que el mismo Jesús hubiera formulado esa prohibición, como piensan algunos exegetas: Para ser fiel a su “inspiración” mesiánica, él habría tenido que empezar poniendo esta limitación, concretando de esa forma la estrategia del Reino, y así ha debido recordarlo Mateo, precisamente porque quiere superarla después, cuando diga tras la pascua que la misión cristiana ha de extenderse a todos los pueblos (28, 16-20). Estaríamos, pues, ante dos etapas: (a) La de Jesús y algunos seguidores judeocristianos. (b) La iniciada por los helenistas y Pablo, y retomada al final por el mismo Mateo (con la autoridad de Pedro: 16, 16-19). Esta división es posible, y de alguna forma responde a la dinámica de Mateo, que recoge la prohibición de algunos judeo-cristianos (que rechazan la misión a los gentiles), para superarla después, conforme a su misma dinámica interior. Pero es casi seguro que ella no proviene de Jesús, que no parece haberse ocupado expresamente del tema.

Como recuerdo de algunas iglesias, que habrían concentrado expresamente el mensaje y camino de Jesús en Israel (hasta que él volviera como Mesías glorioso). Esta prohibición (no vayáis por el camino de los gentiles, no entréis en las ciudades samaritanas) no parece palabra histórica de Jesús, pues él no se ocupó expresamente de ese tema, sino que anunció y extendió el mensaje mesiánico en el contexto israelita (galileo), que era el suyo, aunque tuvo contacto con gentiles y esperaba la llegada final de los pueblos en Jerusalén para unirse de esa forma al Reino (8, 11). Sólo más tarde, como sabe Pablo, se planteó de forma aguda el tema de la pertenencia de los gentiles (cf. Gal 1-2; Hch 15) e implícitamente de los samaritanos (cf. Hch 8; Jn 4) a la Iglesia. Esta sentencia (no vayáis a tierra de gentiles…), que no aparece en Mc ni el Lucas, recoge según eso la opinión de algunos “judeo-cristianos” estrictos, que se oponían explícitamente no sólo a la misión de los gentiles (incircuncisos, impuros), sino también a la de los samaritanos, a pesar de ser circuncisos y observar la ley de comidas (en una línea ratificada como veremos por 10, 23).

       Ciertamente, Jesús no se dirigió de manera programada a los gentiles, ni siquiera a los samaritanos, sino que su mensaje se centró en las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pero en el fondo de ese mensaje (dirigido a excluidos y pobres, impuros y enfermos) había un germen de universalidad, que fue confirmado según Pablo por el mensaje pascual. De un modo que parece lógico, la Iglesia más antigua se sintió dividida ante el tema, como sabemos por Pablo (especialmente por Gal 2-4) y por Hechos, desde la perspectiva del valor de la Ley y de la relación de Israel con las naciones:

 ‒ Algunos judeo-cristianos pensaron que el mensaje de Reino sólo podía extenderse en un contexto judío, antes del fin de los tiempos y del cumplimiento escatológico. Ésos son los motivos que están en fondo de esta sentencia (no toméis el camino de los gentiles, ni vayáis a los samaritanos…), formulada en un contexto pascual, y que profetas comunitarios atribuyeron lógicamente a Jesús.

Ellos pensaban que ésa había sido la intención y el pensamiento fundamental de Jesús, cuya muerte en Cruz había acelerado el proceso final (la venida del Reino), pero sin cambiar su orientación: En principio, durante el tiempo de este mundo, el camino de Jesús (como culminación de Israel) debía mantenerse y expandirse dentro del judaísmo, para extenderse después (sólo al final de los tiempos) al conjunto de los pueblos.

 ‒ Otros, como Pablo, pensaron que el acontecimiento pascual (la muerte y resurrección de Jesús) había superado un tipo de Ley, buena en sí, pero convertida en barrera entre judíos y gentiles. Eso significa que el judaísmo había cumplido su misión, de manera que Jesús y su mensaje pertenecían ya (siendo judíos) a los tiempos nuevos de la culminación escatológica. Ésta ha sido la visión de algunos helenistas de Jerusalén, que extendieron su evangelio en las zonas del entorno, en la costa de Palestina y en Damasco, para culminar en Antioquía y con la misión de Pablo.

Éste no ha sido un camino teórico, de interpretación dogmática, sino un proyecto y camino práctico de compromiso misionero. Algunos como Pablo pensaron que este cambio de orientación sólo pudo darse por la pascua, y así lo ha formulado más tarde de manera clásica la carta a los Efesios. Otros, en la línea de Marcos, pensaron que este cambio había sido ya preparado y de algún modo fijado en la vida de Jesús, en su mensaje y en su muerte (condenado por las autoridades judías de Jerusalén).

En esa línea, algunos judeo-cristianos como Mateo pensaron que ese cambio (de lo particular a lo universal) recogía de forma nueva la esencia del proyecto de Jesús, que confirma por un lado la limitación esencial de 10, 5 y de 15, 24 (sólo a las ovejas perdidas de Israel) para superarla por dentro, en el interior de la misma vida y mensaje de Jesús, hasta apertura universal de 28, 16-20.

 Éste ha sido un proceso fuerte, en el que no solamente ha estado implicada la iglesia (representada según Mateo por Pedro: 16, 16-19), sino el mismo mensaje de Jesús. Eso significa que el “particularismo judío” (sólo a las ovejas perdidas de la casa de Israel) no es un principio malo, ni una perversión socio-religiosa de algunos, sino un elemento inicial del despliegue de la salvación, algo que debió asumir Jesús y con él la primera Iglesia, para descubrir así la apertura universal que estaba al fondo del compromiso fundante de la misión judía. Desde este fondo he querido comentar el evangelio de Mateo desde la introducción de este libro[14].

      Los cristianos de Mateo han descubierto así que el mensaje de Jesús, dirigido en un primer momento a los judíos, era en su fondo universal  (28, 16-20), y así trazaron un camino que va desde el particularismo de 10, 5 y 15, 24 al universalismo que había destacado la misión paulina, a partir de la misma ley judía (bajo el patrocinio de Pedro: 16, 16-19). Así ha trazado Mateo su recorrido mesiánico, que lleva de lo particular a lo universal, de la raíz judía del mensaje y de la vida de Jesús a la misión a todas las naciones.

Ese recorrido ha sido posible porque Jesús no quiso ser representante de los “justos y sabios”, sino más bien Mesías de las “ovejas perdidas de la casa de Israel”, es decir, de los expulsados y pequeños (en la línea de 11, 25-30). Él no se sentido enviado a las “buenas ovejas” de su pueblo (para así poner de relieve y salvaguardar la identidad del Israel sagrado, con templo y fariseos), sino a las ovejas de Israel en cuanto perdidas (avpolwlo,ta), es decir, oprimidas (cf. 9, 36). Ciertamente, esas ovejas le importan a Jesús por ser israelitas (¡forman parte de su pueblo!), pero, sobre todo, por hallarse aplastadas, de manera que al final (en el fondo) más que su identidad nacional importa su condición humana, como personas perdidas, oprimidas.

Esta experiencia y argumento está en el fondo del relato de la mujer cananea y de su hija enferma, tomado de Mc 7, 24-30, donde el Jesús de Mateo empieza repitiendo el mismo argumento de 10, 5-6 (ha venido para las ovejas perdidas de la casa de Israel: 15, 25). Pero la respuesta de la mujer le convence (convence a la Iglesia) y le hace ver que la condición de ovejas perdidas (enferma, necesitada) es más importante que la distinción de judíos y no judíos. Por eso, siendo Israelita, el Jesús de Mateo es ante todo un mesías de marginados de Israel y después todos los pueblos[15].

Kerigma y curaciones: todo gratis (Mt 10, 7-8). Jesús confía a sus discípulos la ejecución de dos de sus tareas (cf. 4, 23; 9, 35: kerigma, curaciones), prescindiendo aquí de la “enseñanza” en las sinagogas, quizá porque no era fácil que los misioneros cristianos del 80 dC pudieran enseñar ya en las sinagogas judías, añadiendo en ese fondo el motivo de la gratuidad:

10 7 Pero yendo, proclamad diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios; gratis habéis recibido, dadlo gratis.

La introducción (peroyendo:poreuo,menoi de.) es semejante al mandato final de 28, 19, donde Jesús retoma desde la montaña pascual la enseñanza y camino anterior, diciendo a los Once yendo pues (28, 19: poreuqe,ntej ou=n, con ou=n que tiene un sentido casi final, en vez de con de.,en sentido casi adversativo). Esa marcha de los discípulos, ordenada aquí por Jesús, definirá el sentido de su obra, todavía en camino, pues ellos forman parte de ese mismo camino[16]. 

Proclamad,  en el sentido de “anunciad de un modo solemne”, con autoridad. En el fondo, este mensaje es el mismo de Juan Bautista (3, 2) y de Jesús (4, 17), mantenido en su nombre por sus seguidores. Éste es un anuncio (el Reino de los cielos se ha acercado…) que los seguidores de Jesús han de proclamar con palabras, pero, sobre todo, con su vida (como seguirá indicando este capítulo). Ellos no son en principio rabinos expertos en doctrinas o leyes, como los maestros judíos de las sinagogas, hombres o mujeres de libro, sino testigos del Reino de Dios, en la línea de Jesús, y de esa forma ofrecen su mensaje, no sólo a través de los milagros, sino de su vida. Se supone que los que escuchan el mensaje de Jesús han de cambiar de mente (convertirse, meta-noein), como se decía en los pasaje anteriores (3, 2; 4, 17), pero éste no lo ha destacado.

 ‒ Curaciones (10, 8a). Son las mismas realizadas por Jesús (cf. Mt 8-9), condensadas en cuatro ejemplos principales (sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios), retomando el motivo del principio del envío (expulsad demonios, curad toda dolencia: 10, 1). Esas dolencias no se sitúan en el mismo plano: las enfermedades son de tipo más físico, la lepra es más social, la muerte es destrucción de la persona… Pero todas aparecen unidas, indicando que la obra de los enviados de Jesús tiene un contenido y una meta esencial de sanación antropológica: No se trata de ofrecer enseñanzas, doctrina de escuela, normas de pureza social, sino de renovar la vida de los hombres.

      En este contexto resulta significativo el tema de la gratuidad (gratis lo habéis recibido, dadlo gratis, 10, 8b, con el adverbio adjetivado, dwrea.n, que significa “de un modo gratuito”). Mateo se sitúa, de esa forma, en una línea cercana a la de Pablo (cf. Gal 2, 21; Rom 3, 24; 2 Cor 11, 7), mostrando que lo principal no es “ganar adeptos” para el judaísmo, ni para otro grupo, iglesia particular o secta, sino el despliegue de la gracia de Dios. De esa manera, los enviados de Jesús son portadores de una experiencia radical de gratuidad que, tomada en sentido estricto supera la limitación anterior (no vayáis a los gentiles…), pues aquello que se hace en los límites de un pueblo especial, y sólo para el propio pueblo, no es gratuito, sino que pertenece a la “ley del talión”, que el mismo Jesús de Mateo ha superado en las últimas antítesis (Mt 5, 38-48).

     Ese principio (gratis habéis recibido, dad gratis: dwrea.n evla,bete( dwrea.n do,te) sobrepasa las limitaciones nacionales y sociales, como Pablo supo y proclamó desde una perspectiva convergente. Una experiencia de gratuidad como aquella de la que son portadores los discípulos de Jesús sólo puede entenderse y vivirse en una línea universal, en la que sólo importan los seres humanos, como capaces de gracia. Exorcista y sanador fue el Jesús de Mateo (como veremos en Mt 12, 28 par), exorcistas y sanadores serán sus discípulos, con una autoridad de curación que no se puede reglamentar por leyes separadas, ni encerrar en grupos especiales (nacionales). Estos enviados de Jesús no son escribas, sacerdotes o guerreros de una comunidad instituida, sino carismáticos, portadores y testigos de una gracia universal, que puede crear comunión por encima de las distinciones nacionales y los particularismo grupales (de judíos o cristianos), pues una gracia particular (sólo para algunos) no es gracia. En esa línea pierde su sentido (o debe interpretarse de otra forma) la limitación anterior: No vayáis a los gentiles…[17].

 NOTAS

[1] Cf. E. Estévez, Significado de σπλαγχνιζομαιenel NT: EstB 48 (1998) 511-541. He destacado el tema en X. Pikaza y J. A. Pagola, Entrañable Dios. Las obras de misericordia, Verbo Divino, Estella 2016.

[2] Cf. WJostPoimen. Das Bild vom Hirten in der biblischen Überlieferung, Kindt, Giessen 1939; J. G. S. S. ThompsonThe Shepherd-Ruler Concept in tbe OT and its Application to the NT: SJTh 8 (1955) 406-418. Sobre el tema de fondo pastor y las ovejas, cf. M. Foucault, Omnes et Singulatim, en La vida de los hombres infames, La Piqueta, Madrid 1990. El tema vuelve en Mt 25, 31-46, como ha destacado J. Friedrich, Gott im Bruder, Calwer, Stuttgart 1977.

[3] He desarrollado el tema en Entrañable Dios.Las obras de misericordia, Verbo Divino, Estella 2016. Cf. también J. Cambier, Enciclopedia de la Biblia, Garriga, Barcelona 1963, 5, 182-188; J. Cambier y X. Léon-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder, Barcelona 1996, 542-546; H. H. Esser, Diccionario teológico del Nuevo Testamento III, Sígueme, Salamanca 1984, 99-106; Th. Koehler I. Noye, Dictionnaire de spiritualité, X, 1980, col. 1313-1349; A. Sisti, Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Madrid 1990, 1216-1222; H. J. Stoebe, Diccionario Teológico Manual del Nuevo Testamento, 815-829; 832-861; M. Legido, Misericordia entrañable, Sígueme, Salamanca 1987.

[4] Eso significa que la obra de Dios se debe realizar de forma humana, sin que aquí se precisan las formas y expresiones de ese ministerio, en la línea posterior de las “vocaciones o llamadas” eclesiales, en la línea de los ministerios ordenados.  

[5] Mateo presenta a los hombres como seres capaces de colaborar en la obra de Dios, una obra de pastores que cuidan del rebaño, trabajadores de la cosecha final, al servicio de la gran revelación, de la que hablaba el Padrenuestro: “venga a nosotros tu Reino”. Pues bien, Jesús no dice a sus discípulos que pidan a Dios que venga su reino, sino  que envía “obreros” para la siega final, como si el Reino de Dios dependiera de la entrega de esos “trabajadores/segadores”.

[6] La “misión de Dios”, su obra creadora, no la realizan los ángeles segadores de 13, 36-43, sino los hombres y mujeres que escuchan a Jesús. Ésta es la misión de los seguidores de Jesús, una misión al mismo tiempo social y religiosa, de salvación de los oprimidos de Galilea y de la humanidad entera. Como judío apocalíptico, Mateo acudirá en Mt 13 al simbolismo de los ángeles, la gran batalla de los cielos… Pues bien, aquí, al final de Mt 9 y al comienzo de Mt 10, él nos dice que se trata de una “tarea humana”, de una siega y/o cosecha donde los obreros de Dios son con Jesús los mismos compañeros que él envía. Lo más hondo de Dios (su tarea de culminar la creación) la realizan ahora unos hombres que han seguido a Jesús y que han de estar dispuestos a ser llamados por Dios.  

[7] Mt 10 (como 5, 17-20) nos sitúa ante las etapas de la composición de Mt. Cf. D. J. Weaver, Matthew's Missionary Discourse, JSNTSS 38, Sheffield 1990; SBrown, The Missionto Israel in Matthew's Central Section: ZNW 69 (1978) 73-90; R. Uro, Sheep among Wolves: A Study on the Mission Instructions of Q (AASF 47), Helsinki 1987.

[8] Sobre el Q y Galilea, P. Hoffmann, Studien zur Logienquelle, NTAbh 8, Münster, 1972; A. D. Jacobson, The First Gospel. An Introduction to Q, Polebridge, Sonoma 1992; J. S. Kloppenborg, The formation of Q: Trajectories in Ancient Wisdom Collections, Fortress, Philadelphia 1987; M. Sato, Q und Prophetie, WUNT 29, Tübingen 1988; G. Theissen, Colorido local y contexto histórico en los evangelios, Sígueme, Salamanca 1997, 225-258; Ch. M. Tuckett, Q and the History of Early Christianity, Clark, Edinburgh 1996, 102; I. E. Vaage, Galilean Upstarts. Jesus' First Followers according to Q, Trinity, Valley Forge 1994.

[9] Sobre los Doce, cf. G. Leonardi, "I dodici" e "gli apostoli" nei vangeli sinottici e Atti: StPatavina 42 (1995) 163-193; K. H. Rengstorf, Apostellô, TWNT 1, 397-448; Dôdeka, TWNT 2, 321-328; Telford, Interpretation 35-37.

[10] Mateo sabe que fueron importantes en el tiempo de Jesús y en el comienzo de la Iglesia (como sabe también Pablo: 1 Cor 15, 5), pero sabe también (como supone Pablo) que no han pervivido como institución permanente en la Iglesia (no aparecen en la misión final de 28, 16), aunque conservan una función escatológica “Os sentaréis sobre doce tronos, juzgando sobre las doce tribus de Israel” (Mt 19, 28; cf. Lc 22, 30). Este paso de los Doce de la historia de Jesús (cf. Mc 3 16-19; Lc 6, 14-15; Hech 1, 13; 1 Cor 5, 5) a los apóstoles de las iglesias helenistas, está garantizado en Mateo por el hecho de que los doce son ante todo “discípulos”, y así pueden aparecer al fin como “once”, con la función de ofrecer a todos los pueblos el discipulado (maqhteu,sate pa,nta ta. e;qnh, 28, 19), mostrando así que al final sólo importa el discipulado de Jesús, abierto a todos los pueblos. El paso de los Doce (garantía de reconstrucción mesiánica de Israel) a la misión universal del discipulado (representado por los Once de 28, 16-20) es un tema clave de Mateo.

[11] Lucas, en cambio, separa los envíos: Lc 10, 1-8 expone la misión de los setenta y dos, en línea Q. Lc 9, 1-5 recoge la visión de Marcos, con estos temas: Envío de los doce, con poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades; mandato de proclamar el reino de Dios, sin tomar nada para el camino,  alojándose en las casas donde les reciban. Para comentar el texto de Mateo, cito sólo la versión que Lucas toma del Q, para añadirla a la de Marcos. 

[12] Sobre el envío de los Doce, en general, Barton, Discipleship 23-56; Guijarro, Fidelidades. Cf. E. J. Schnabel, Early Christian Mission, SCM, London 2002; F. Wilk, Jesus und die Völker in der Sicht der Synoptiker, W. de Gruyter, Berlin 2001; F. Hahn, Das Verständnis der Mission im Neuen Testament, Neukirchen-Vluyn 1963. El alcance de esta misión, según Marcos y el Q, define gran parte de los intentos de reconstrucción de la historia de Jesús, desde A. Schweitzer, Investigación sobre la vida de Jesús, Edicep, Valencia 1990 (original 1906) hasta Meier, Marginal I, pasando por Crossan, Campesino, Dunn, Jesús recordado, Theissen, Jesús, y Vidal, Proyectos, como he puesto de relieve en Historia.

[13] Lucas distingue dos momentos. (a) Identifica a los primeros enviados (apóstoles:apesteilen) con los Doce, a quienes el mismo Jesús envió a predicar su Reino en Israel, durante el tiempo de su vida (Lc 9, 1-2) (b) Habla también de otro envío (igualmente con apesteilen: 10, 1) de setenta y dos seguidores que han dejado todo por Jesús (cf. Lc 9, 59-62), y que son un signo de todos los misioneros de la iglesia, abierta a los gentiles (texto arriba citado: Lc 10, 1-8; cf. Hech 6-7: elección de los Siete). Las condiciones y formas de misión siguen siendo significativamente las mismas.

[14] Éste es el tema esencial del proyecto de Jesús y de la primera Iglesia, y así viene siendo discutido en la exégesis y en la teología desde mediados del siglo XIX, cuando se radicalizó la oposición entre un judeo-cristianismo cerrado en Israel y un cristianismo helenista universal (que podía terminar abandonando todo principio judío), con la superación dialéctica y la conservación de ambos momentos o elementos en la Gran Iglesia, representada especialmente por un tipo de pacto entre los post-paulinos (Efesios) y los judeo-cristianos de Mateo. Desde diversas perspectivas convergentes: cf. Aguirre (ed.), Así empezó; Dunn, Cristianismo; Hurtado, Señor; Nodet, Essai; Räisänen, El nacimiento; Pervo, Pablo;Theissen, Teoría; Vidal, Tres Proyectos; Nuevo Testamento; Vouga, Teología; White, De Jesús.

[15] Desde el momento en que opta por los “perdidos” (apartados, marginados) de Israel, Jesús puede abrirse a los perdidos de todos los pueblos (tal como está sucediendo en la Iglesia de Mateo, desde las zonas marginales de Antioquía). Esta opción por los perdidos y pobres irá marcando el transcurso posterior del evangelio, con la persecución y conflictos, que desembocan en la apertura universal de Mt 28, 16-20. Esta reducción (sólo a las ovejas perdidas de Israel) se hará principio de una ampliación universal, que marcará la dinámica posterior del evangelio, en una línea que, en fondo, es la misma trazada por Pablo en Gálatas y Romanos…).

[16] El verbo es el mismo en ambos casos, pero con matices distintos. En 28, 19, poreuqe,ntej es participio aoristo pasivo, en sentido imperativo, como indicando que después que Jesús hubo resuelto (superado) todos sus problemas, con su entrega hasta la muerte, ahora son ellos, los once, los que deben asumir y culminar la tarea definitiva del Reino. En nuestro caso, 10, 7, Jesús dice a los Doce pero yendo (poreuo,menoi de.), con el verbo en participio presente, con sentido también imperativo, marcándoles una tarea que aún no está aún definida (a diferencia de lo que sucede en 28, 19).

 [17] Estos mensajeros y sanadores gratuitos del Reino son la primera y única autoridad, pues proclaman la Palabra, curan, ayudan a vivir. No lo hacen por potestad externa, por "orden social" o delegación, sino que son autoridad en sí mismos, curando y liberando a los humanos. No son dirigentes, ni pastores de un rebaño organizado, sino misioneros, creadores de un tipo de humanidad que vincula por gracia a todos los hombres y mujeres.

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