Según explica Francisco Vázquez La papaya, el secreto de la longevidad de Juan Pablo II
Francisco Vázquez habló en la parroquia de Os Rosales de todas las facetas -profesionales, personales y anecdóticas- del Papa, con algún dardo velado al PSOE. En el público, algunos asientos vacíos y una sola cara conocida del socialismo coruñés: Carlos González-Garcés. Bien porque los que eran sus votantes no son católicos o porque los coruñeses han pasado página, en la parroquia de Os Rosales, donde ayer el exalcalde Francisco Vázquez ofreció ayer una conferencia, hubo asientos vacíos. Lo cuenta A. Fernández en La Opinión.
Un centenar de personas se congregó en el templo para escuchar al exembajador español en la Santa Sede -entre ellos solo una cara conocida del socialismo coruñés, Carlos González-Garcés-, pero no fueron suficientes para abarrotar la sala, como hacía Vázquez antaño en los actos que protagonizaba.
Y no hubiera gustado a muchos que votan al PSOE ver cómo el ex regidor defendía las críticas del Papa a las grandes leyes o proyectos del partido en el Gobierno español. Enumeró el aborto, la definición de familia, la educación religiosa, la experimentación genética o la eutanasia como los asuntos que hacen de Ratzinger un Papa "incómodo" y apoyó que no sea "acomodaticio" y sí que tenga "un gran rigor intelectual".
Reconoce que los mensajes que van en contra de esas cuestiones "no son bien recibidos por la sociedad actual", pero denuncia que se vean como una "intromisión" en los derechos de las personas. "Es todo lo contrario", proclamó Vázquez, que citó al propio Ratzinger para destacar que no se quiere "imponer" pero sí pedir "respeto a la conciencia de la fe cristiana".
Para compensar la crítica al PSOE, ligó el progresismo con la propia Iglesia, para exponer que ambos tienen como fin "la utopía", en el caso de la ideología hacia la igualdad, y, por tanto, ambos deben coincidir, dice, "en renovar la esperanza, en dar más objetivos". El exdiplomático aseguró que sin convicciones, del tipo que sean, el hombre no es nada: "Sería como condenar a la sociedad a una existencia a merced de los acontecimientos".
Pese a que comenzó su intervención agradeciendo que con su conferencia en clave católica rompiera la "dinámica electoral" y hablara de otros temas "también importantes", no parecían algunas de sus observaciones muy alejadas de la política. Tampoco podía evitar referirse a su etapa como alcalde. Primero comentó cómo por su "insistencia", heredada de su cargo en el Ayuntamiento, se le permitió saltarse el protocolo en uno de sus actos en el Vaticano, y después, al hablar de las 300 personas de la cúpula de la Santa Sede, las comparó con las 1.200 que forman el Concello.
Pero el exembajador iba a hablar del Papa y de sus cuatro encuentros con él en sus cinco años de diplomático. Y así procedió a definirlo como "dulce y amable" y contó cómo es capaz "con esos ojos azules" de relajar al interlocutor y trasmitirle tranquilidad. Tras casi una hora de disertación sobre las facetas de catequista, teólogo y profesor de Ratzinger, en tono serio, Vázquez pasó a las anécdotas.
Para gusto de los asistentes, que estallaron en risas durante diez minutos, el exalcalde contó cómo sus nietos se sentaron en el sillón del Papa ante la sonrisa de éste, cómo él le hablaba en español y Ratzinger en italiano para que ambos practicaran los idiomas, o cómo el cuerpo del papa Juan XXIII -del que se confesó "soldado de Infantería"- se había teñido de verde porque lo habían cubierto de bronce al enterrarlo.
Pero la historia que más encandiló al público fue en la que Vázquez le pidió al farmacéutico del Papa el secreto de la longevidad de Juan Pablo II y cómo éste, después de negar que se le suministrara ninguna vitamina, le regaló unas pastillas de papaya. "Ahora siempre desayuno un poco de papaya y nueces", confesó.