Asesinos con camada religiosa.
Una de las lacras de nuestro mundo, con raíces en el pasado muy reciente lo constituyen las mafias al “itálico modo”, las bandas institucionalizadas, los grupos homicidas organizados, los grupos terroristas fanatizados... Nihil novum sub sole, nada que no haya existido antes.
Y, como muchas cosas siniestras de la vida, con "espíritu religioso".
Interesantes en grado sumo las historias relacionadas con la famosa Secta de los Asesinos, los haschishins, fundados por Hassan (reinó de 1090 a 1124), ismaelita expulsado de El Cairo y establecido en el fuerte de Alamut, en las fronteras de Irak.
Los “mártires” palestinos actuales no son sino una reencarnación de los fedawines o adictos del Gran Viejo de la Montaña, “los asesinos”. La convicción de poseer el paraíso “automáticamente”, un paraíso ya previamente entrevisto gracias a las embriagadoras visiones producidas por el haschisch, --dicen algunos que de ahí les viene el nombre-- convertía a los “asesinos” en ciegos y autómatas, dispuestos a matar a quien fuese y a dejarse matar por ello.
Cruzados y príncipes de Asia probaron sus zarpazos terribles. El conde Raimundo de Trípoli (1152), Conrado de Monferrato (1192), rey de Jerusalén; Nizá-Molmuk “el Valiente”, Orkan y la mayor parte de los emires de Siria cayeron bajo sus puñales.
De su temible poder es testimonio el hecho de que sultanes, reyes y emperadores les ofreciesen tributo o dádivas generosas (entre ellos Sanluis de Francia). Como víboras que prueban su propio veneno, en los ciento setenta años de “reinado” sus jefes últimos murieron víctimas “de ellos mismos”, todos a manos de sus hijos respectivos: Hassan II (1163-1167), Mohamed II (1167-1211) y Hassan III el Reformador (1211-1223), Mohamed III (1223-1237).
El “buen sentido” de los mongoles acabó con ellos (1260) destruyendo cerca de 40 castillos y tomando los otros (hasta cien) así como las ciudades que poseían en Kuistan, Rudbar y Siria.
Se ha escrito mucho de la Orden de los Templarios, viendo excesivo esoterismo en su existencia, sin pararse a pensar que sus miembros eran hombres como nosotros. Si traemos a colación esta Orden Militar –se podría decir lo mismo de los Hermanos Hospitalarios, luego Orden de Malta, y de los Caballeros Teutónicos-- es porque es un calco de la Secta de los Asesinos, incluso en la vestimenta.
Los “fedawas” llevaban gorro, cordón y botas rojas sobre vestido blanco; los templarios una cruz roja sobre manto blanco. En ambos, espíritu religioso, prácticas homicidas. Protección armada de fieles y lugares cristianos con voto religioso ex profeso.
Esta Orden, que dependía directamente del papa, nació para defender los Santos Lugares y a los peregrinos, por lo que sus miembros recibían una formación militar rigurosa; significativamente, una de sus encomiendas era asegurar también el transporte de dinero de los peregrinos, que luego paso a Europa, disponiendo de una red de fortalezas desde Escocia a España
Sus adeptos debían conjugar el tener que matar sin piedad con el culto a la vida, algo que se desprende de sus convicciones religiosas; tal vínculo quebraba su personalidad, haciendo de ellos verdaderos fanáticos.
¿Por qué desapareció? ¿Por su pérfida existencia? ¿Por sus crímenes? ¿Por la relajación de costumbres? ¡No! ¡Por el inmenso poder económico que había acaparado, llegando a ser los banqueros necesarios del sur de Francia y gran parte de Europa, institución desgajada del poder real!. Su vida duró de 1118 a 1312.