Chascarrillos píos al socaire de Fátima.

Una de las preguntas más interesantes dirigidas por los videntes a la “visión” fue qué pecados ofendían más a Dios.
Creían ellos --lo dicen las Memorias-- que los pecados más nefandos serían no ir a misa el domingo, robar, decir palabras feas, maldecir, jurar...
¡No! ¡Ella le dijo que eran los de la carne! ¡Ah, misterio de los misterios! ¡Cómo no se les habría ocurrido a estos tiernos niños eso de “la carne”! Porque, claro, con toda seguridad sabían ellos que es un gran pecado el no disponer de carne de vez en cuando y no sólo en determinadas fiestas. No podían ni barruntar que en los albores del siglo XXI aparecerían curas pederastas.
Un poco de seriedad: ¿no percibían las autoridades eclesiásticas toda la acumulación de “aculturamiento” que existía en tales visiones? ¡Todo es tan temporal y tan de su tiempo! ¡Todo es tan sobrenaturalmente humano! ¡La carne, lo dice Lucía precisamente cuando ya está en el convento!
¿Y qué y quiénes "veían"? Dicen las Memorias que Jacinta, con tan solo seis o siete años, tiene visiones de todo, del Papa, de la “futura” guerra, de las penas del infierno... Dicen de Francisco que en las apariciones sólo veía, pero no oía, o al revés, que ya no recuerdo.
Tú hablaste con el ángel, ¿qué te dijo?
...No, vi que hablaba contigo; oí lo que tú le decías; pero lo que él te dijo no lo sé. El ángel a ti te dio la Sgda. Comunión; pero a mí y a Jacinta ¿qué fue lo que nos dio?... Yo sentía que Dios estaba en mí, mas no sabía cómo era... No me importa, sufro todo cuanto ella quiera. Lo que yo quiero es ir al cielo.
¡Un niño de seis o siete años! Es de suponer que los tres veían lo mismo, pero como sólo hablaba Lucía... Jacinta tenía más imaginación y oía más.De Francisco poco se puede decir: no hablaba de lo que veía, les dejaba hablar a las otras dos, huía de los interrogatorios...
¡Al describir los cantares de niños –inocentes en el fondo– Lucía se tapa la cara de vergüenza porque según parece no agradaban a Nuestro Señor!
Ahora tú vas a la escuela. Yo quedo aquí en la iglesia junto a Jesús escondido. No vale la pena aprender a leer pues dentro de muy poco me marcho al cielo. (¡!).
En conclusión: ¿cómo la Iglesia --Lucía ni quiso ni pudo ni ha podido en sus años de convento-- se las podría arreglar en este momento para desmontar el fenomenal tinglado que hay organizado en Fátima por más que sepan que todo es una monumental estafa?
Lo mejor que pudo hacer Lucía fue “huír” a un convento para no ser perseguida a tomatazos. A sus 97 años se despidió de este mundo, a primeros de febrero de 2005. Ahora está gozando de las visiones eternas.
Francisco nació en 1908 y murió con 11 años en 1919. Jacinta, nacida en 1910 murió a los 10 años en 1920. Lucía, como decimos, nacida en 1907 murió en 2005.