Llegó... ¿y los "porqués"?

Sí, llegó a sacerdote. Para muchos a funcionario de la Multinacional del Credo y Rito. Un camino de ilusiones que desde el primer día funcionarial se plasma, y choca, con realidades. Realidades multifacéticas, que ya alguien ha diseccionado en psicograma de ideales.

En el camino un proceso que viene desde la niñez. Quizá como en todas las profesiones... Pero no, que ésta es verdaderamente especial. Es integrar la vida, la de cualquier persona normal, en otra vida paralela. Otra vida, para quien la observa desde la orilla de lo humano, hecha de aire y humo. Aires de grandeza sobrenatural, cortinas de humo que ocultan otras realidades o que ocultan las vivencias que son humanas.

Cuando se repasan los testimonios personales de “por qué” el joven se hizo sacerdote, por qué esa muchacha se unió a una congregación religiosa, por qué este profesional formó parte de la adoración nocturna, etc. encontramos dos planos explicativos, uno el “sublimador”, otro el “racional”- Ideales frente a realidades.

“Subliman” su “vocación” con expresiones “de tono elevado”, tópicos explicativos sacados de lecturas de difícil digestión, carisma del Espíritu, “retiros espirituales” que alteran la percepción: todo un buscar la verbalización de un estado que todavía no entienden y pretenden enaltecer.

Dejan de lado otros “porqués” más racionales –psicológicos-- que en su momento constriñeron o quebraron la voluntad:

• profunda religiosidad en el ámbito familiar, especialmente de la madre, cuando no abuelas o tías o algún miembro familiar cercano y admirado por el niño que vislumbró modelo para él;

un “yo” muy sui generis, generalmente secundario (1), muchas veces con rasgos de exaltación y concepciones despreciativas del mundo y de la vida, unido a elementos psicológicos inestables y débiles;

• la relación coercitiva y alienante de pertenencia grupal, el compromiso contraído no tanto con normas y modelos, sino con individuos de dichos círculos eclesiales, el no defraudar, el “qué dirán mis padres o amigos”, el sentimiento de no querer fracasar...

• la misma institución a la que se unen, la Iglesia, que despliega ante el joven toda una panoplia de patrones de conducta y de modelos sublimadores. Esos patrones, luego, van desapareciendo del horizonte personal dejando un vacío de moldes imposible de llenar con la línea conductual marcada por la jerarquía, pero de los que, paradójicamente, no pueden prescindir, so pena de encontrarse vacíos frente a los retos de la vida.

Como en modo alguno pretendemos denigrar esta "santa" profesión, en otro momento podríamos entrar a discutir o sugerir qué deriva podría tomar esta vocación que no fuese la despersonalizadora que deriva en burocracia del rito.

A fin de cuentas, que la persona que elige este "modus vivendi et laborandi" sea feliz con aquello a lo que dedica su vida... sin engañarse a sí misma.
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(1) Lo que en Psicología se entiende por “carácter primario” y “secundario”.
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