Silencio de Dios y resurrección del hombre.

El ciudadano del mundo, el hombre, y más el que purga su existencia en países de menor desarrollo cultural, se encuentra indefenso contra La Organización Internacional del Rezo, cualquiera de ellas.
La credulidad organizada que vislumbra "poder", en un primer momento, se convierte en brazo aliado del orden político. Cuando logra controlar dicho poder, sea de forma indirecta o de forma directa, comienza la verdadera opresión religiosa, la verdadera guerra de religión, la que vuelve sus armas contra sus propios soldados, la que los convierte no en personas sino en esclavos.
Los ejemplos de Afganistán o de Irán muestran, en estilo burdo y en estilo más refinado, el modelo final de cómo las sociedades podrían organizarse según el "maravilloso" mundo temporal de la fe.
En grado similar, aunque sin ese control político directo de la Jerarquía, pero sí fáctico y real, hemos "gozado" ¿? durante décadas, en la España salida de la Guerra Civil (1) de esta alegría sacrosanta que emanaba de la vivencia colectiva de la fe:
• el júbilo incontenible de la Navidad, cuando el pueblo en masa acudía a la "misa del gallo" sin importar el frío de la noche;
• la expiación de las culpas personales y sociales durante la Cuaresma;
• el acudir a las charlas cuaresmales;
• el abatimiento popular que se respiraba por las calles con la llegada de la Semana Santa, que se traducía en espontáneas expresiones de perdón y lacerantes muestras de expiación por los pecados; la explosión de alegría ciudadana el día de Pascua;
• el deleite suave y afectivo que emanaba de las fiestas del Corazón de Jesús;
• las lágrimas derramadas en tantas "misiones populares";
• las límpidas y virginales ofrendas a María en los reiterados mayos floridos;
• aquellas procesiones, llevado en andas el mismísimo "Corpus Christi", con pétalos de flores alfombrando las calles, cantos pletóricos de alegría, balcones adornados con sábanas, colchas o mantillas;
• la práctica gozosa del rezo del “santo rosario porlá señal”...
¿Para qué seguir? Eran tiempos en que Dios vivía entre nosotros. ¡Cómo deben estar suspirando los miembros de la Jerarquía, todos de una vejez de pastaflora reviviendo esos tiempos en que la masa los seguía en masa! Sí, así era España hace medio siglo, pero ahora... lo dice el Gran Jerarca Blanco, asistimos al "silencio de Dios".
Bendito silencio, que cuando Dios calla, resurge el hombre. Y al fin y al cabo, nosotros somos los hombres. Y dado que Dios es eterno y los hombres un soplo en el tiempo, mejor que sea así, llenos de nuestra propia vida temporal y no la vida que no nos corresponde.
(1)No quisiera que la ironía, sarcasmo más bien, que respiran estas palabras cayera en saco roto: volver a revivir "aquellos años" teniendo a la vista los presentes, es entrar en recuerdos caliginosos, opresivos, sofocantes y en cierta medida angustiosos.