Sobre balances religiosos, no tan halagüeños como parecen.

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Haber y debe, entradas y salidas, activo y pasivo, deudores y acreedores, Norte y Sur... El mundo dividido en dos, los unos y los otros

Hay otros que dicen que los hombres se dividen en dos categorías, los que llevan palillo en la boca y los que no. Y uno se ríe cuando ve al orondo comensal, de jarras en la puerta del restaurante, jugueteando con el humilde "palillo".


Chascarrillos aparte, en esta búsqueda de balances religiosos, el saldo en el acontecer histórico de las religiones es de un paso hacia delante y dos hacia atrás. Aplíquese tanto al curso de la historia del mundo como al de la propia persona. El balance de su paso por la historia no es muy halagüeño ni boyante.

Aquí van algunas consideraciones para “repensar”:

• pretendieron y pretenden abrir la mente a “verdades” nuevas (que una mente que busca "la verdad de la verdad" calificará de indemostrables), pero la cerraron a otras, con nefastas consecuencias: oscurantismo, intransigencia, determinismo y, la peor de todas, el fanatismo, ese fanatismo cuya máxima expresión es la de los “santos”;

• han traído consigo una diversificación de culturas (otros podrán decir que es la cultura la que crea las religiones), pero, a la par que el animal dominador ocupa todo el territorio, también produce la destrucción sistemática de las que eran antagónicas;

• predican la unión de hermanos en torno a una “verdad”, pero también traen en su mochila propagandista el aislamiento y rechazo de los otros (podría servir como símbolo preclaro la exacerbación de las clausuras en órdenes y congregaciones);

• dicen que le procuran al alma angustiada, sea por el más allá o por otras cuestiones más terrenales, tranquilidad, paz, bienestar espiritual, pero la llenan de tabúes, prohibiciones y miedos;

• prometen la felicidad futura pero sobrecargan de “mandamientos” y prácticas irracionales el presente;

• empujan a gozar las delicias de la gloria pero a cambio de una ascesis que excluye todo contento en este mundo;

• predican que hay que agradar a Dios pero tal pretensión choca con ese vivir permanentemente en desagrado con uno mismo y con los demás;

• dicen que sus preceptos vienen de Dios, pero de ellos se han servido los señores de este mundo y los máximos funcionarios del rezo para imponer su férreo control y dominio sobre los hombres.


¿Que nos es cierto lo que aquí se dice? ¿Que no es para tanto? ¿Que me olvido de muchas cosas buenas propiciadas por las religiones? Bueno, cuestión de enfoque, cuestión de matices o cuestión de prioridades vitales: Dios y sus templos santos frente a los templos y dioses humanos del "estado de bienestar".
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