Los perdones de la Iglesia (4/5)

A propósito de la demanda de perdónde "un tal Blázquez".
Piden perdón, sí, pero ¡no tanto! Tienen un velo que les impide ver. Quizá la soberbia del que se cree en posesión de la verdad, también de la verdad histórica.
Otra vez el intento de reescribir la historia. Hablan de errores históricos por los que públicamente piden perdón (pero añadiendo con cierta sorna: y perdonan):
Investiduras,
régimen feudal de obispados y monasterios,
persecuciones inquisitoriales y de las otras,
nepotismo secular en los altos cargos,
oposición a los avances de la ciencia,
interminables y crueles guerras de religión,
detentación de enormes propiedades,
soberbia de saberse "fuerzas vivas",
secuestro de la cultura para ellos, ...
Frente a esos "errores" --minúsculos, por cierto--, alzan
Su labor por la dignidad de la persona: una labor fundada en una verdad etérea, la dignidad de los hijos de Dios, algo que a nadie importa ya y una dignidad que nadie tiene en cuenta a la hora de integrarse en la sociedad civil o defender los derechos humanos.
Los beneficios a las sociedades terrenas: quizá hablen del reparto de beneficios cuando a ellos les toca también; quizá de las enormes extensiones de tierras productivas que han detentado durante siglos; quizá del mandamiento de la Iglesia que hablaba de los “diezmo y primicias para la Iglesia de Dios...
Sembrar la paz y el bien. Poco y mal se entiende esto en la consideración de las guerras y destrucción propiciadas por los credos. Mientras tanto, la casta se veía libre de ellas refugiándose en monasterios estratégicamente situados, preservados del mal por el temor inducido a la condenación eterna o al óstracon social subsiguientes. Cansa tener que hablar de esto.
La aportación a la belleza y la preservación de la cultura. ¿De qué cultura o belleza hablan si sólo se trataba de una forma de intermediación económica en beneficio propio? Era el “tú me pagas y yo me construyo palacios, palacios que tú luego puedes admirar por fuera”. Ingente cantidad de ingresos detraídos "de los fieles", destinados a sus posesiones, sus iglesias y sus tesoros...
Se podrían aceptar, ciertamente, determinadas aportaciones de la Iglesia a la sociedad, pero el grande, el monstruoso, el inmenso crimen, que no error histórico, es haber secuestrado durante siglos la inteligencia de los hombres por métodos coactivos: la fuerza propia o la alianza con el poder, la prebenda, el cargo, la recomendación, la usurpación de la cultura, la persecución directa y un largo etcétera.