Aquel renacer humanista...


Nunca valoraremos suficientemente lo que supuso el Humanismo renacentista para el mundo occidental y por contagio, para todo el mundo.

Aunque de forma no tan explosiva y más cautelosa pero sí más extendida, el mundo nuevo que surge en los albores del Siglo XXI adquiere rasgos similares, con fuertes concomitancias con esa época.

Fue la estocada al mundo de las creencias, de cuya herida ha estado curándose la “organización cristiana” durante cinco siglos, herida no curada y que, de forma larvada y lenta, le está conduciendo a la muerte.

La imparable secuela de “inventos” del Renacimiento de tanta trascendencia como los generados en el Siglo XX, fue paralela a un modo nuevo de pensar y de organizar la sociedad. El Renacimiento supuso:

--mercados nuevos y técnicas de producción nuevas;

--una concepción naturalista del mundo;

--una curiosidad intelectual hasta entonces inédita;

--la humanización de las relaciones sociales;

--produjo un avance cultural prodigioso;

--trató de imponer una concepción científica del mundo y del universo;

--aportó un sentido laico a acontecimientos antes apropiados por la creencia;

--surgieron filosofías desligadas del credo...


En general y en un solo concepto, preocupación por el hombre y por lo humano:

--el hombre sujeto de acontecimientos, persona, libre;

--de “hijo de Dios” se transforma en “individuo” y “ciudadano”;

--el sentimiento nunca superado de la muerte, se traduce en goce de la vida;

--la perdurabilidad tras la muerte se trueca en fama;

--a la providencia divina, que todo lo regía, se superponen fortuna y azar;

--la “imitación de Cristo” da paso a la ética personal;

--la creencia en el origen divino de los reyes, y por lo tanto la supremacía del papa –desde luego más por intereses de poder que por otra cosa– cedió lugar a una concepción del poder cifrada intereses políticos...

No otra cosa ha sucedido en nuestro siglo, pero de forma más definitiva, puesto que la creencia ha sido arrinconada. No hay diferencia cualitativa entre nuestro siglo y el Renacimiento: ahora es más “de cantidad”, puesto que estas ideas, generadas en otros tiempos en mentes privilegiadas, son ya acervo común, han calado en las masas y no tienen vuelta atrás.

Las creencias, en su concepción secular, tienen los días contados y éste, el XXI, puede ser el siglo del “gran salto adelante”.
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