Díaz Bardales, ¿un cura que está de vuelta?

Nunca simpaticé con este sacerdote asturiano, modelo de cuanto consentía y alentaba Díaz Merchán en la archidiócesis de Oviedo.

Él, y unos cuantos más, no pocos, se despojaron enseguida de todo signo externo sacerdotal, ampararon huelgas, cuando no las alentaban, permitían encierros comunistas en sus iglesias, celebraban absoluciones colectivas... y, en poco tiempo dejaron aquel obispado irreconocible.

El grupo se fue reduciendo pues unos se casaron, otros se murieron y alguno se aburrió. El famoso grupo de Bibio y La Calzada son ya apenas tres amiguetes entrados en años que se reunen a comer y añorar cuando el obispado eran ellos.

Pues, ahora, Díaz Bardales, seguramente el más representativo de los que quedan, se desmarca de esa reliquia comunista que es Llamazares y asume una posición eclesial. Al menos en eso.

Y le recuerda que "gente de la Iglesia acogíamos a sus mayores en tiempos difíciles", como para que venga ahora este chico o no tan chico de los tiempos fáciles a despotricar contra la Iglesia, "que ya está bien de insultos".

El refranero es muy instructivo y son varios los perfectamente aplicables a esos curas que se habían comprometido hasta el tuétano con lo que era anti Iglesia. Desde el que con niños se acuesta, mojado se levanta, hasta el de cría cuervos y te arrancarán los ojos.

Parece que Díaz Bardales ha perdido ya sus amores de antaño por el comunismo. Algo es algo. No sé si mantiene los que tenía a las absoluciones colectivas. En los últimos días de Díaz Merchan urgió éste, por decisión propia u obligada, el abandono de esa práctica abusiva. Pues Bardales replicó que el las iba a seguir impartiendo, pese a la prohibición del arzobispo, y se quedó tan fresco.

Y no deja de ser curioso el ver como estos obispos que se hartaron de permitir esas falsas confesiones, en el momento en el que les van a aceptar la renuncia salen diciendo que las prohiben y que son muy malas. Entonces, ¿por qué tanto silencio y tanta vista gorda anterior?
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