Los amigos de la Iglesia de siempre.

Es notable ver como este militarote, golpista, de notable facundia, elemental formación intelectual y pruritos no ya autoritarios sino hasta dictatoriales, ha encantado a toda esta excrecencia eclesial caracterizada por su permanente crítica a la institución.
Cuando aquel reciente plebiscito, que milagrosamente perdió, suscitaban vergüenza ajena los ditirámbicos apoyos que Chávez recibía de estos superminoritarios e irrelevantes grupúsculos de la contestación eclesial española.
El malvado Bush y el buen gorila. El pecado y la gracia. Belial y Cristo. Estas gentes, según dicen tan celosas de los derechos humanos, se carcajean de los mismos cuando quien los pisotea es uno de sus amigos. Yo, que me voy a ir a un infierno en el que no creen, porque tengo deficiencias en el amor, pero que hasta el momento no he ejecutado a nadie, soy un canalla mientras Fidel, con las manos chorreando sangre, es un ejemplo evangélico.
La Iglesia ha buscado el entendimiento con el gorila. Hasta se ha nombrado cardenal venezolano a alguien que le era mucho más cercano que otros obispos más críticos que, de algún modo, se sintieron desautorizados.
Es igual. Las turbas chavistas acaban de invadir el arzobispado de Caracas. La sede del cardenal Urosa a quien se había nombrado para contentar al gorila.
Posiblemente, tras la desaparición práctica de Fidel, la Iglesia de Cuba va a disfrutar de tiempos mejores. La de Venezuela, en cambio, mucho me temo que va a ser la próxima perseguida. Lo está siendo ya. Y eso parece que va a ir a más.
Al "Revolución o muerte" le ha sucedido: "Con el comandante todo, sin el comandante plomo". Todo muy evangélico.
Pues, en estas horas tan dif íciles para el catolicismo venezolano, yo lo tengo clarísimo. Con la Iglesia de Venezuela. Y tengo tan poquísima caridad, de esa de la que me examinan todos los días cuatro bobos, que deseo con toda el alma la desaparición del gorila. Ya en el modo, no entro. El que sea será beneficioso.