Lo anunciado se ha confirmado y al Larrañaga parece que Roma no lo traga.

Este nombramiento tiene muchos bemoles. Y muy importantes. Se ha nombrado obispo a un vasco, vasquísimo, con la lengua aprendida desde la cuna, pero que viene del exilio. Del exilio obligado y no querido.
Me parece un excelente nombramiento. Todo en su persona es positivo. Yo no creo que un obispo de las Vascongadas tenga que ser vasco. Pero éste lo es tanto como el que más. Tiene una excelente preparación intelectual. Ha sido párroco. Dejando gran recuerdo. Y conoce perfectamente el gobierno de una diócesis por haber sido vicario general de Córdoba. Lo que se dice un mirlo blanco.
Hacía tiempo que veníamos anunciando su nombre como posible obispo. Ya le ha llegado, en años muy jóvenes, el día. Todo hace suponer que va a ser un excelente obispo como todos los últimos que se vienen nombrando.
Es que no encuentro uno malo. Munilla, Cerro, Carrasco, Casanova, Saiz Meneses, Juan, Sanz Montes, Berzosa, Zornoza... Del valenciano Benavent no puedo decir nada porque no sé absolutamente nada de él. Aunque estoy dispuesto a creer que es un excelente obispo.
Llego ya, por orden de edad, al de Segorbe-Castellón. Sobre el que tampoco puedo decir nada. Ni bueno ni malo. Demetrio Fernández, Catalá, Lorca. Dificilísimo encontrarlos mejores. Caso de que fuera posible.
Pues esos son nuestros últimos obispos. Un auténtico premio gordo de la Lotería. Ya entre los inmediatos siguientes está Vives de quien he hablado demasiado. Cierto que una oveja negra desentona en un rebaño de ovejas blancas. Pero teniendo en cuenta que es obispo desde 1993 achaquemos su nombramiento a un despiste de Juan Pablo II que nada tiene que ver con la línea actual de nombramientos. Seguro que él es el primero en encontrarse extraño entre sus jóvenes colegas. Extraño y desentonante. Pero ese es su problema.
Con el nombramiento de monseñor Iceta me parece que el Vaticano ha querido marcar una línea. Vasco, vasquísimo. Incluso en el idioma. Pero católico. ¿Se me entiende?
Creo que Don Ricardo Blázquez va a tener un espléndido auxiliar. Volcado con él. A su entera disposición. Y a la de los fieles de la diócesis bilbaína. Ojalá entre los dos la vuelvan a levantar.
Y por fin otras consideraciones. Don Ricardo, que siempre he dicho ha sido un aceptable obispo de una diócesis muy difícil y un mal presidente de la Conferencia episcopal, ha perdido un voto seguro en las próximas elecciones. El de Echenagusía. Y supongo que monseñor Iceta, como obispo electo, no votará. Acierto del nuncio. No crea problemas al recién nombrado.
Pudiera ser que de aquí a las elecciones se acepten también las renuncias de Carrera, Dorado y Soler. Si así fuere serían ya cuatro los votos que habría perdido el obispo de Bilbao para renovar su mandato. Con lo que pienso lo tendría imposible. Y más sin contar ya con los de Lugo y Segovia.
Creo, pues, que estamos ante un día jubiloso. Qué se sigan repitiendo.