¡Que barbaridad, les ponen una bomba y quieren negociar!

Una de las frases más coreadas de la última manifestación es la que tomo como título para este post.

Sigo sin entrar en cuestiones políticas aunque el cuerpo a veces me lo pida. Sólo quiero hablar de las eclesiásticas. Pero la pegadiza cantinela me parece que viene como anillo al dedo. A la Conferencia episcopal, a la Comisión para la fe, y a demasiados obispos. Incluso a algunos que yo tengo por buenos obispos.

No es que quieran negociar, porque la negociación en este caso, en el otro también, es imposible. Aquí podríamos parafrasear la cancioncilla y dejarla de este modo: ¡Qué barbaridad, les ponen una bomba y prefieren no mirar!

Porque bombas ya les han puesto infinitas, Y no miran. Los que no miran. Que son unos cuantos. Las absoluciones colectivas, las críticas al Papa, las liturgias escandalosas, los curas amancebados, las doctrinas contrarias a las de la Iglesia, los profesores de estudios sacerdotales que enseñan antieclesialidad, las monjas impresentables, los curas más impresentables que alientan a esas monjas, religiosos en buena parte, y la desobediencia palmaria de no poca parte del clero regular.

Pues eso es lo que hay. En parte. No en gran parte pero en una bastante considerable.

En la última manifestación coincidí con un grupo comunista, de cierta entidad por el número, que se hacían notar mucho y de un modo simpático. Quisieron hasta venderme una revistilla que cuando comprobé llevaba la hoz y el martillo no adquirí. Pero he llegado a pensar, tras esa experiencia, que a algunos de los obispos entregados a las máyores claudicaciones apenas les iba a seguir su vicario general. Y aún con dudas. Porque los mismos comunistas, unos iban a creer que se pasaban y otros que se quedaban muy cortos.

Pues ya lo saben. Con la Iglesia y con sus fieles. Todo lo demás les llevará a quedarse más solos que la una.

Apañado está el tal Blázquez si confía en que los suyos son los nacionalistas, los del Patxi y los coministas y no los católicos. Uriarte está ya poco menos más que para darle los últimos sacramentos a De Juana, caso de que él se los admita, que no lo creo. Carrera para que le admitan una dimisión que mucho se tarda. Soler en una ambigüedad impresentable que no le agradecerá nadie. Y Martínez con el capelo espero que volado y a punto de quedarse con Manent y tres más.

Pues eso es lo que hay. Espero que ante tanta desolación recapaciten Y, si no, nos esforzaremos por hacerles recapacitar.
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