Los curas que han roto el celibato.

Hablo pues por lo que he leído sobre el mismo. De los catorce, dos ya han fallecido en el breve intervalo que transcurrió entre que les pidieron sus opiniones y se publicó el libro. Lo que permite pensar que son ya muy mayores. O por lo menos mayores.
De haber seguido en la Iglesia estarían jubilados o en puertas. Apenas aportarían ya nada hoy con su ministerio. También he leído que los sacerdotes valencianos en esa situación son trescientos. Desconozco si la cifra es verdadera o no. Caso de ser cierta sólo podemos pensar que a la inmensa mayoría de los secularizados les trajo al pairo el testimonio o que si alguno más lo dio era tan impresentable que no pudo ser recogido. Seguro que por cortísimo. No puedo olvidar a aquel triste sacerdote de Ciudad Rodrigo que se empeñó en dejar constancia ante toda España de sus absolutas carencias.
Puedo entender perfectamente que a un sacerdote se le haga insoportable el celibato. Y que solicite se le releve de esa obligación. Se dice que tiran dos tetas más que dos carretas. Vale. Pero que no nos vengan con milongas. Cuando ellos abandonaron el sacerdocio estaba en boga todo lo que ahora dicen pretendían. La gran mayoría abandonó el sacerdocio, o solicitó el abandono, con Pablo VI. Modelo ciertamente de Pontífice anticonciliar.
La excusatio no pedida redunda en el descrédito. Les gustó una señora. En ocasiones incluso con pésimo gusto. Hay uno muy significado, no entre los valencianos, que con la compañera que tiene yo en su caso creo que preferiría el celibato, la homosexualidad o incluso una cabra.
Menos mal que la matraca toca a su fin. Nunca tuvo gran éxito. Ahora ya es penosa. A no pocos de ellos, aunque la Iglesia levantara la obligación del celibato, que podría hacerlo, no podría recuperarlos. Porque están en una tercera edad avanzada.
Entiendo que no es grato reconocer el fracaso de una vida. Y que queda uno mejor echándole la culpa a la Iglesia, al involucionismo y a lo que se quiera. También entiendo que la vida es difícil y que no pocos de los que abandonaron el sacerdocio lo han pasado muy mal. Ex curas como Jesús Aguirre hay muy pocos. También es cierto que casi ninguno tan listo como él.
Las mandangas ya no se las cree nadie. Estamos ante la crónica de un inmenso fracaso. Personal e intelectual. Sufrimientos seguro que ha habido muchos. Los lamento. Pero buscados. Ahora resulta que la sarna con gusto, también pica. Y mortifica.