La descristianización de España.

Sólo nos superan la República Checa, Estonia, Dinamarca y Suecia. Cuatro países de tradición protestante que sirven también como muestra del enorme hundimiento de la reforma luterana.
Pues se han lucido los responsables de que al 65% de los españoles no les importe nada la religión. No entra en sus intereses ni en sus preocupaciones.
Casi todas las encuestas son discutibles y no pocas veces interesadas. Quizá no sean tantos, o quizá sí, no me voy a detener en eso.
Sólo preguntaré por los responsables. Porque tendrá que haberlos. Yo nací en 1940. Hasta 1955, más o menos, no empecé a enterarme de la curcunstancia política. Entonces ya no se obligaba a nadie a ir a misa, a la procesión del Cristo de la Victoria o a una misión popular. Y se iba.
Luego vino Tarancón y su troupe, el postconcilio, los religiosos que dejaron hábito y convento, se hicieron curas obreros y, tantos, cambiaron celibato por matrimonio o arrejuntamiento y a Cristo por Marx. Y monjas necias, olvido del sacramento de la penitencia, liturgias impresentables, retraso en el bautizo y la comunión a los niños, homilías inaguantables, colegios religiosos de los que la mayoría salía atea...
Pues sí. Tienen nombre y apellidos. Y algún día figurarán en esa vergonzosa relación de quienes ha arruinado la fe de los españoles. Es la Iglesia más vergonzosa de nuestra historia. Jamás se conoció algo parecido. Ni cuando Cisneros quiso reformar al clero regular y huyeron algunos centenares o millares a vivir en tierra de moros.
Supongo que ya no quedará ningún imbécil que a este invierno helador lo siga llamando primavera.