Un obispo bastante missing

Unos jóvenes que celebraban, según se me cuenta la fiesta de los quintos, cuando ya no hay quintos, entraron por la noche en la iglesia del pueblo, abrieron el sagrario, se llevaron las Sagradas Formas y las repartieron después, con regocijo general, en la discoteca más próxima.
Siempre me pareció una gamberrada impresentable aquel pretexto con el que los jóvenes de los pueblos, fueran a quintas o no, se cogían unas curdas monumentales que exigían pagáramos los demás. A todos los que tenemos cierta edad nos ha ocurrido que al cruzar algún pueblo en automóvil te paraba un grupo de borrachos que te exigía un impuesto revolucionario. Y pobre de ti, y de tu coche, si no les dieras algo. Cierto que no te exigían mucho y además te ofrecían una botella de anís o de coñac para que echaras un trago. Y también era cierto que normalmente en eso no insistían. Si les dabas un duro se quedaban tan contentos y a esperar al siguiente.
Hoy no hay quintos, en los pueblos se aburren y, generalmente los protagonistas con escasísima capacidad para discurrir algo original y divertido, pues a rememorar lo que no existe.
Y hemos llegado a tal zafiedad, en hijos y en padres, a tales resultados de la LOGSE, y a tanto alejamiento de la Iglesia que la broma, la estúpida broma, la maldita y asquerosa broma, es profanar el Cuerpo de Cristo y herir hasta las lágrimas a quienes se sienten católicos y adoran en esa aparencia de pan la presencia real de nuestros Salvador. De Dios.
Son tan ignorantes que estoy convencido de que ni siquiera han cometido pecado. Ni se enteraron de la atrocidad que estaban cometiendo.
Por lo que se me cuenta apenas ha tenido eco semejante tropelía. Las autoridades, que tendrían la obligación de hacer respetar los sentimientos de los católicos, no han querido enterarse.
Parece que un sacerdote publicó un artículo en la Gaceta pidiendo se respetaran los símbolos católicos. No voy yo ahora a criticar a la única persona que se ha manifestado públicamente con una protesta. Pero creo que se debe decir que la Eucaristía no es un símbolo. Es la presencia real y verdadera de Dios.
También se me dice que un sacerdote del arciprestazgo propuso un acto de reparación y desagravio y que sus colegas no lo creyeron conveniente. Para no provocar. Y que alguno incluso dijo que aquello no era para tanto.
¿Y el obispo? Pues missing. Don Carlos López Hernández consta, por los papeles, que es el obispo de Salamanca. Pero apenas más que por los papeles. ¿Existe Don Carlos? ¿Tiene Salamanca obispo?
Yo jamás me lo encuentro. Cierto que no en lo malo. Pero tampoco en lo bueno. Como si no existiera. Y ¿para qué queremos un obispo que da la impresión que no existe?
Antes de publicar este artículo llamé a la diócesis para confirmar la veracidad de los hechos. Y persona autorizadísima me los confirmó. Me habló del sentimiento del señor obispo, de que el párroco había presentado una denuncia ante los tribunales,y de que los participantes en el gravísimo sacrilegio se han mostrado arrepentidos y pidieron perdón. Ante eso el párroco retiró la denuncia. Lo acepto sin problemas. Ya dije que estaba seguro de que esos muchachos no tenían clara conciencia de lo que hacían. Aunque sea penosa esa falta de conciencia.
Sigo pensando que Don Carlos tiene que hacerse presente en San Miguel de Valero en un acto de reparación y desgravio. Si esos chicos están presentes, y les abraza como señal de perdón, maravilloso.
Pero hay que estar. Señor obispo, hay que estar. Y le felicito por la persona, tan inteligente y conciliadora, que tiene de parapeto. Me dicen que es usted muy listo. Si tengo que juzgar por los que elige como sus colaboradores, o al menos por uno de ellos, no me cabe duda.