Suscribo el artículo de Jesús Bastante sobre Uriarte. Al que haría sólo una puntualización. Uriarte mancha a la Iglesia con el vergonzoso silencio ante el último muerto. Pero si habla también mancha.
Es inmenso el daño que ha hecho Uriarte a la Iglesia. Ha alejado de la misma a mucha gente que siente auténtica repugnancia a coincidir con él en ningún sitio. No todo el mundo tiene una fe tan firme que no la dañan sujetos como éste o su antecesor.
Y no tiene explicación que la Santa Sede no le haya aceptado la renuncia que presentó el pasado 7 de junio. Si no saben a quien poner para hacerse con las ruinas que han dejado Setién y Uriarte que nombren a su metropolitano administrador apostólico mientras buscan si hay alguien que pueda hacerse cargo de aquello.
A Uriarte hay que echarle cuanto antes. Y como mancha cuanto toca la suciedad ya alcanza al nuncio y al Vaticano.