La vida religiosa.

Aunque soy bastante pesimista por el resultado, pues hay gente que no quiere ni sabe entender, voy a declarar la postura de este Blog y de su autor ante los religiosos.

Creo que la vida religiosa es un inmenso tesoro de la Iglesia y que le ha dado cumbres inmarcesibles de santidad. Desde que existe hasta hoy.

Afirmado esto, no quiere decir que el hecho de ser religioso garantice la santidad, la inteligencia, la prudencia, la eclesialidad de nadie. A lo largo de la historia ha habido muchos religiosos impresentables. Y hoy también los hay. Constatarlo no significa en modo alguno tomar partido contra la vida consagrada.

La vida religiosa presenta hoy, al menos en Europa y América, varias graves crisis. Evidentes. Una es la de una impresionante pérdida de efectivos. No hay vocaciones y de las escasas que llegan perseveran pocas. Ello les ha llevado a un envejecimiento verdaderamente alarmante y a abandonar, por falta de efectivos, muchísimos lugares en los que, en ocasiones desde hace muchos años, venían realizando su labor. Y en todos ellos prácticamente una excelente labor. Éste es un dato apodíctico. Nadie lo puede discutir. Es así.

Ya sería más discutible fijar las causas de ese proceso. Que pueden ser múltiples e interrelacionadas. La secularización expansiva con la consiguiente pérdida del espíritu religioso, la reducción en el número de hijos, el crecimiento económico del mundo occidental, la exaltación del individualismo... Otros señalan como causas o concausas el abandono del carisma fundacional, la adaptación al mundo, la secularización interna, el abandono de la vida comunitaria, el olvido de la obediencia, el abandono del ejercicio de la autoridad por los superiores, la insolidaridad con la Iglesia jerárquica, el sostenimiento de doctrinas contrarias a las de la Iglesia...

No voy a entrar en ello. Requeriría complejos estudios multifactoriales . Lo que yo dijera no pasaría de una opinión, que tendría derecho a tenerla y a expresarla, pero que no tiene por que ser compartida.

Lo cierto es que la vida religiosa tal como hoy se presenta no atrae a los jóvenes que hace sesenta años afluían en masa a noviciados masculinos y femeninos. Lo que debería hacer pensar a los responsables de las órdenes y congregaciones es que si el procedimiento de recluta da unos pésimos resultados tal vez habría que cambiarlo y no seguir fracasando un año tras otro y, cada vez, de modo más alarmante. Pero evidentemente eso no es responsabilidad mía.

En días de exaltación de la libertad, de la información, de la participación y de la democracia resulta chocante la postura de algunos, expresada también en este Blog, en defensa del oscurantismo, del silencio, de la ocultación. Se hace, dicen, un daño a la Iglesia poniendo de manifiesto lo que ocurre. Es un corporativismo funesto e interesado que ha dado siempre, y más en estos días, malísimos resultados. Piénsese por ejemplo en los casos de pederastia clerical. Que no se sepa nada, que todo se tape, que ese cura vaya a otra parroquia... Donde volverá a hacer lo mismo. Y al final todo se descubre cuando la pequeña bola de nieve inicial es un alud de tremendas proporciones.

Yo entiendo que el director de una empresa a la que está llevando a la ruina se indigne porque un periódico saque a la luz que está próxima a la quiebra. Pero el único modo de salvar la empresa es reconociendo su situación actual y tomando medidas, por duras que sean, para corregir lo que la lleva al precipicio.

Otra argumentación muy utilizada es la de que hay muchísimos excelentes religiosos que hacen una magnífica labor. Jamás nadie lo ha puesto en duda. Si todos, o la mayoría, fueran pésimos eso habría que cerrarlo ya. Es un servicio a todas esas muchísimas personas que han entregado su vida a Dios en la Iglesia, cargados de méritos y desgraciadamente ya casi todos también de años, poner de relieve los defectos existentes para que puedan ser enmendados y que las manzanas podridas no acaben con las demás.

Otra de las manifestaciones de la grave crisis que afecta a la vida religiosa es lo que yo vengo llamando la insolidaridad eclesial de algunos de sus miembros. No es de recibo que miembros de congregaciones religiosas pretendan una Iglesia distinta de la Iglesia. Nieguen sus dogmas, postulen otra moral, desobedezcan y menosprecien al Papa y no tengan en ellos los obispos los mejores colaboradores en su misión. Que es la de llevar las almas a Dios. Para otra cosa no son necesarios ni obispos ni religiosos. Claro que el problema se complica si algunos creen que no existe el alma y puede ser que ni Dios.

Comentábamos ayer que era un malísimo síntoma el que haya obispos que se deshagan de los religiosos de sus diócesis por entender que deshacen mucho más que lo que construyen. Cierto que el obispo puede ser un gaznápiro, que los hay, y adoptar una medida injusta y hasta perjudicial a la Iglesia. Pero el silencio que algunos pretenden, el correr un tupido y estúpido vela sobre la expulsión, o el prescindir de esos religiosos si la palabra expulsión parece muy dura, no resuelve nada.

También me parece necia la argumentación de que si uno no sabe de la realidad de esas diócesis como opina. Porque yo no opiné nada sobre las mismas. Aysén será lo que sea y yo desconoceré mucho o todo sobre ella. Pero que el obispo lleve a Boff para presentar su pastoral es impresentable. Y que dos obispos se decidan a prescindir de claretianos y Maryknoll como colaboradores, cuando tanta necesidad hay de clero, indica que algo grave está ocurriendo. Y eso es lo que dije. ¿Dónde está la quiebra de este razonamiento?

También es absurdo entender que porque un obispo no quiera en su diócesis a los claretianos todos los hijos de San Antonio María Claret son nefastos. Lo serían, de tener razón el obispo, los expulsos. Y lo es algún otro que no está en Panamá. Pero seguro que la mayor parte de la congregación está haciendo una buena labor en la Iglesia.

Los carmelitas descalzos han venido recientemente a estas páginas por lo de Amorebieta. Yo no pongo la mano en el fuego por toda la orden pero creo que en general están haciendo una buena labor. Aunque sobre el yoga y el zen en algunas de sus casas. Y lo mismo cabe decir de los agustinos recoletos. En mi opinión bastante mejores que los no recoletos. Y seguro que entre estos últimos hay también no pocos excelentes religiosos.

Tienen que acostumbrarse, todos y todas los consagrados, a que ya todo va a ser público. Si hay algo que no quieren que se conozca, que no lo hagan. Porque lo de matar al mensajero ya no sirve de nada. Entre otras cosas porque no consiguen matarlo. Y si acabaran con uno aparecerán mil más.

Termino este largo artículo con una monja boba. La hermana Beatriz Casiello, directora de la Casa Archidiocesana de Catequesis de Rosario (Argentina). Acaba de dirigir una carta a monseñor Polti, el obispo que impuso graves restricciones al teólogo con nombre de detergente, dando lecciones a aquel obispo y al hoy cardenal Bertone para que corrijan su enorme equivocación. Porque el maravilloso es Ariel. Una monja así puede darse en cualquier congregación pero que sea la responsable de la Catequesis en Rosario parece demasié. Pobres catequizados.
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