Abrir el corazón a la maravilla de Dios

Dios se sigue manifestando, se sigue haciendo presente en acontecimientos, en personas… la historia no ha quedado rota sino que ésta, continúa viva en cada uno de nosotros. Sin duda, somos seres escogidos por Dios, pero el último paso lo tenemos nosotros, el Sí hemos de pronunciarlo con sinceridad y convencidos de lo que estamos haciendo. Dios se da, y desea ser acogido, por eso nuestro corazón ha de estar abierto. Lo cierto es que los grandes milagros no llegan por arte de magia, sino que nuestro granito de arena ha de ser parte fundamental para ello, lo más pequeño, aquello que parece que no tiene importancia tal vez es lo que esté sosteniendo la gran muralla, por eso no hemos dejar escapar ningún momento, no desaprovechar todo lo que somos, lo que hemos recibido y lo que hemos trabajado y modelado a lo largo de la vida.
Moisés no escatimó esfuerzos porque contaba con la ayuda de Dios, confió en Él y puso su vida totalmente en sus manos. Confió más en Dios que en sus propias fuerzas, porque allí donde no somos capaces de llegar nosotros es donde comienza Él a actuar. Y… jamás estaremos solos, porque al abrir nuestro corazón podremos contemplar la maravilla de Dios. Texto: Hna. Conchi García.