Superar etapas

Meta
A lo largo del verano, en muchas de nuestras poblaciones se organizan carreras, en bicicleta, corriendo, saltando o nadando, cada uno va con la ilusión de participar en un acontecimiento que se convierte en un brillante acto ciudadano.

Primero es necesaria una etapa de preparación, buscar el equipo, conocer el recorrido, saber de los contrincantes, pero todos van tomando conciencia de que lo más importante es participar. Aunque ciertamente uno va a lograr el primer premio, pero para la mayoría la felicidad se centra en alcanzar la meta propuesta.

A veces son un grupo de amigos, o una familia, que a partir del hecho de participar en la carrera, encuentra un motivo de distracción y diversión, y más tarde este hecho dará paso a una serie de comentarios y abrirá el camino de los recuerdos.

La vida es también como una carrera, cuyas etapas se tiñen de los más diversos colores y contenidos, unos gozosos y otros no tan agradables. Luego no solemos recordar con detalle las etapas del camino, sólo la meta es importante, y será éste el único recuerdo que nos acompañará el resto de nuestros días.

En la carta a los Hebreros en el capítulo 12, se nos dice: “corramos en la carrera que nos toca, sin retiramos, fijos los ojos en Aquel que inició y completa nuestra fe: Jesús, quien renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz. No os canséis ni perdáis el ánimo”. Correr la carrera, alcanzar la meta sin perder el ánimo es un regalo que Dios nos hace y con su fidelidad premia y reconforta la nuestra. Texto: Hna. Carme Solé.
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