Súplica matutina

Oración
Con frecuencia los salmos recogen súplicas al Señor de personas que se encuentran en peligros de diferente índole.

El salmo cinco es uno de estos. El autor del mismo es acusado injustamente y su corazón se explaya ante Dios para que le auxilie en su desventura, hace esta súplica al inicio de la jornada: “A ti te suplico, Señor, por la mañana escucharás mi voz, por la mañana te expongo mi causa y me quedo aguardando” (v 4). La acusación injusta es de todas épocas. Cuántos inocentes están actualmente arrastrados a los tribunales sin razón, sin tener a quien apelar. En estos momentos de tanta tribulación los creyentes recurren al Señor que los puede sacar de su situación desdichada: “Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en su presencia" (v 5). El autor del salmo define a sus acusadores con diversos calificativos: Malvado, arrogante, malhechor, mentiroso, sanguinario, traicionero. Es que el mal se pasea por el mundo y hace victimas por donde puede. Sigue luego, la súplica: “Señor, guíame con tu justicia, porque tengo enemigos, alláname el tu camino” (v 9).

El salmista pide al Señor que lo guie contra sus enemigos, sus acusadores hombres perversos que buscan su perdición: “En su boca no hay sinceridad, su corazón es perverso, su garganta un sepulcro abierto, mientras alagan con la lengua” (v 10).

Como ocurre con frecuencia en el Antiguo Testamento, hay un momento en que el autor es severo con sus enemigos. Aplican la ley del talión. Desconocen la ley de amar a los enemigos, el de perdonar setenta veces siete, como dijo Jesús a Pedro: “Castígalos, oh Dios, que fracasen sus planes” (v.11). Podemos perdonar por gracia, no por mérito nuestro; gracia que hay que pedir a Dios Padre de misericordia.

Termina con la petición directa de que el justo encuentre ante él caminos llanos para que encuentre su júbilo en el Señor (Cfr. v 12, 13). Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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